- En mayo la Casa Blanca y la oposición republicana negociaban contrarreloj elevar el techo de deuda de Estados Unidos.
- El Tesoro advertía de que podría quedarse sin fondos a principios de junio.
- Un impago, aunque improbable, sería un riesgo de baja probabilidad y gran impacto: diversificar es la forma sencilla de amortiguar sorpresas.
En mayo de 2023, la Casa Blanca y la oposición republicana negociaban contrarreloj para elevar el techo de deuda de Estados Unidos, mientras el Tesoro advertía de que podría quedarse sin fondos a principios de junio. El asunto había pasado de ser un trámite técnico a convertirse en uno de los focos de atención de los mercados.
Para quien no sigue la política estadounidense, puede resultar sorprendente que un país tenga que votar para poder pagar lo que ya ha gastado. Pero así funciona su sistema, y precisamente por eso estos episodios generan tensión: una decisión política determina si el emisor de la deuda considerada más segura del mundo puede hacer frente a sus compromisos. Aunque la mayoría de los analistas consideraba improbable un impago real, el simple hecho de que se discutiera abiertamente obligaba a empresas, bancos e inversores a preguntarse qué consecuencias tendría y cómo estaban expuestos a ellas.
Qué es el techo de deuda
Es el límite legal de endeudamiento que el Congreso fija para el Gobierno estadounidense. Cuando se alcanza, el Tesoro no puede seguir pidiendo prestado para pagar compromisos ya adquiridos, salvo que se eleve el techo mediante una votación política. No se trata de autorizar nuevo gasto, sino de poder financiar el que ya está aprobado.
Mientras no se resuelve, el Tesoro puede recurrir a medidas extraordinarias de contabilidad para ganar tiempo, pero esas medidas tienen un límite. De ahí que se hable de una fecha en la que podrían agotarse los fondos: a partir de ese momento, el Gobierno tendría que decidir qué pagos atiende y cuáles no, una situación que nadie desea. La cifra del techo se ha modificado muchas veces a lo largo de la historia, y cada ocasión se ha resuelto con acuerdos que, más que un juicio sobre el nivel de deuda, reflejan el equilibrio político del momento.
Una negociación contrarreloj
Con la fecha de junio cada vez más cerca, el pulso político se jugaba contrarreloj y cualquier novedad en la negociación se notaba en los precios. Estos episodios suelen resolverse en el último momento, pero cada vez que ocurre generan nerviosismo en los mercados.
El nerviosismo se traduce en movimientos de precios y en un mayor interés por activos considerados refugio. Aunque la mayoría de los observadores esperaba un acuerdo, la incertidumbre sobre el calendario y sobre su contenido bastaba para que la situación se siguiera con atención en todo el mundo, incluso desde Europa. Para una empresa con operaciones en Estados Unidos, o con inversiones y tesorería denominadas en dólares, el episodio recordaba la conveniencia de saber en qué instrumentos y con qué vencimientos se mantienen esos fondos.
Un riesgo de baja probabilidad
Un impago de Estados Unidos, aunque improbable, habría sacudido todo el sistema financiero. Es un buen ejemplo de riesgo de baja probabilidad y gran impacto que conviene tener presente. La deuda estadounidense actúa como referencia para valorar casi todos los demás activos, de modo que cualquier duda sobre ella se transmite a todo el mercado.
Para el inversor prudente, la lección es que diversificar y no concentrar el patrimonio en un único activo o emisor es una forma sencilla de amortiguar sorpresas. Esto no significa predecir qué ocurrirá, sino aceptar que algunos riesgos no se pueden eliminar y estructurar la cartera de modo que ningún acontecimiento aislado resulte decisivo. Conviene comentarlo con el asesor. Conviene, además, distinguir entre el riesgo de que un emisor no pague y el de que su precio de mercado fluctúe: son cosas distintas, y confundirlas lleva a veces a decisiones precipitadas ante titulares alarmantes.
Los riesgos improbables no se pueden eliminar, pero sí se puede evitar depender de uno solo.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


