- El 24 de mayo Nvidia presentó previsiones de ventas muy por encima de lo esperado, por la demanda de chips para inteligencia artificial.
- Días después su valor en bolsa superó el billón de dólares, una cifra que muy pocas empresas han alcanzado.
- Conviene distinguir entre la adopción real de la tecnología en una empresa y las valoraciones bursátiles, que reflejan expectativas.
El 24 de mayo de 2023 Nvidia presentó unas previsiones de ventas muy por encima de lo esperado por la demanda de chips para inteligencia artificial. Pocos días después, su valor en bolsa superó el billón de dólares, una cifra que muy pocas empresas han alcanzado.
La noticia concentró la atención de los mercados y del mundo empresarial. Durante meses se había hablado de inteligencia artificial en términos de promesa; aquellos resultados indicaban que, al menos para quienes fabrican los componentes que la hacen posible, la demanda ya se estaba materializando en pedidos concretos y en ingresos. Los chips que se emplean para entrenar y ejecutar modelos de inteligencia artificial son componentes muy especializados, que pocas empresas saben fabricar, y esa escasez de oferta explica en parte la intensidad de la reacción del mercado.
Qué ocurrió
Esas previsiones de ventas fueron muy superiores a lo que los analistas esperaban, y su motor era el interés del mercado por esta tecnología. Las previsiones son estimaciones que la propia empresa publica sobre su actividad futura, y el mercado las sigue con tanta atención como los resultados ya cerrados, porque indican hacia dónde va el negocio.
Ese hito, el billón de dólares, se mide con el valor en bolsa, o capitalización, que es el precio de la acción multiplicado por el número de acciones, y refleja lo que el mercado está dispuesto a pagar hoy por los beneficios que espera en el futuro. Para una empresa no tecnológica, esto significa que la disponibilidad y el coste de estas herramientas pueden depender de una cadena de suministro concentrada en pocos fabricantes, un factor que conviene tener presente al planificar proyectos.
De promesa a inversión
La IA pasaba de promesa a inversión masiva en infraestructura: chips, centros de datos y energía. Entrenar y utilizar estos sistemas requiere una capacidad de cálculo enorme, y esa capacidad se traduce en pedidos de equipos, en construcción de instalaciones y en consumo eléctrico.
Esta cadena de inversión muestra que la tecnología no es solo software. Detrás de cada aplicación hay máquinas físicas, edificios que las alojan, redes que las conectan y fuentes de energía que las alimentan. Los beneficiarios potenciales son, por tanto, más numerosos de lo que parece, aunque no todos obtendrán el mismo resultado. Un centro de datos consume cantidades muy elevadas de electricidad y requiere refrigeración, espacio y conexiones, de manera que el auge de la inteligencia artificial también plantea preguntas sobre infraestructuras y sobre la disponibilidad de energía.
Una tendencia con efectos amplios
Una tendencia que afectaría a muchos sectores, también a la demanda eléctrica. Más allá de las empresas tecnológicas, afecta a los proveedores de energía, a la construcción industrial y a cualquier negocio que empiece a incorporar estas herramientas en su trabajo diario.
Conviene distinguir entre la adopción real de la tecnología en una empresa y las valoraciones bursátiles, que reflejan expectativas y pueden cambiar con rapidez. Para una empresa, la pregunta útil es qué tareas concretas puede mejorar con estas herramientas y a qué coste. Para quien invierte, esta información no es una recomendación: una tecnología puede ser transformadora y, aun así, resultar arriesgada a los precios de mercado. Antes de adoptar estas herramientas, conviene definir qué problema concreto se quiere resolver, cómo se medirá la mejora y qué datos de la empresa se utilizarán, con especial atención a la confidencialidad y a la protección de datos personales. Y para quien sigue la bolsa, conviene recordar que una cotización muy alta incorpora ya muchas expectativas: si los resultados no las cumplen, el precio puede corregir con rapidez, por mucho que la tecnología siga avanzando.
Adoptar una tecnología y comprar sus acciones son decisiones distintas, y cada una merece su propio análisis.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


