Llega el «invierno cripto»

Claves
  • A mediados de junio bitcoin cayó por debajo de 20.000 dólares por primera vez desde 2020.
  • La plataforma Celsius congeló los reintegros de sus clientes y el fondo Three Arrows Capital se encaminaba a la liquidación.
  • Una rentabilidad elevada siempre procede de un riesgo asumido por alguien: conviene saber quién custodia los activos antes de confiar fondos.

A mediados de junio de 2022 bitcoin cayó por debajo de 20.000 dólares por primera vez desde 2020. La plataforma Celsius había congelado los reintegros de sus clientes y el fondo Three Arrows Capital se encaminaba a la liquidación. Para quienes tenían su dinero en esas entidades, el episodio no fue una anécdota financiera, sino una pérdida de acceso a sus ahorros.

El episodio se vivió como un cambio de fase en el mundo de los criptoactivos. Tras un periodo de entusiasmo, la combinación de precios a la baja, tipos de interés más altos y desconfianza hacia los intermediarios puso a prueba muchos modelos de negocio. Más allá de los precios, lo que se cuestionó fue la solidez de las plataformas que prometían rentabilidades y la facilidad con la que el dinero de los clientes podía quedar atrapado. Es un recordatorio de que la innovación financiera convive con riesgos que a veces se aprenden a costa de quienes participan.

Qué es un «invierno cripto»

Se llama así a los periodos prolongados de caídas de precio, desconfianza y falta de financiación en el mundo de los criptoactivos. En ellos se aprecia que gran parte de la actividad dependía de un ánimo inversor optimista, y que muchas posiciones no resisten cuando el entorno cambia.

Los inviernos cripto tienen un patrón: los precios bajan, la liquidez se seca, los proyectos más débiles quiebran y la confianza tarda en volver. Para el inversor, el reto es no confundir las caídas con las oportunidades ni las oportunidades con las trampas. Cuando el entorno es tan volátil y las reglas son tan nuevas, la cautela y el tamaño de la posición son más importantes que cualquier predicción sobre el precio. Ni siquiera los participantes más grandes están a salvo de los errores de gestión del riesgo, como mostraba el caso de un fondo que se encaminaba a la liquidación.

Rentabilidades sin explicación

Muchas plataformas prometían rentabilidades altas sobre depósitos de criptoactivos sin explicar de dónde salían. Una rentabilidad elevada siempre procede de algún riesgo asumido por alguien, y cuando el precio cayó, se vio el riesgo. Congelar los reintegros es una señal de alarma seria para cualquier cliente.

Una pregunta sencilla ayuda a protegerse: ¿qué hace esta entidad con mi dinero para poder pagarme esa rentabilidad? Si la respuesta no es clara o no se puede verificar, el producto es opaco, y la opacidad es en sí misma un riesgo. Las rentabilidades extraordinarias merecen más escepticismo que entusiasmo, y las promesas de ingresos pasivos sin riesgo no existen en ningún mercado. Pedir información por escrito, comparar con alternativas reguladas y desconfiar de la urgencia son hábitos que protegen en cualquier mercado.

Quién custodia los activos

En este terreno, saber quién custodia los activos lo es todo. Quien deposita en una plataforma pasa a ser, en la práctica, un acreedor de ella, y su dinero depende de la solvencia y de la gestión de terceros. Antes de confiar fondos a un intermediario, conviene entender sus condiciones, su supervisión y qué ocurre si quiebra. La custodia determina quién puede mover el activo, quién responde si se pierde y quién puede reclamarlo en caso de quiebra.

En el sistema financiero tradicional existen mecanismos de protección, como la supervisión pública o los fondos de garantía de depósitos, cuya cobertura y límites conviene conocer. En el mundo cripto, esas garantías pueden no existir o ser muy distintas. Por eso, quien decida participar debería hacerlo con importes que pueda perder sin consecuencias graves, y con claridad sobre dónde está custodiado cada activo. Una buena práctica es no concentrar en un mismo intermediario más de lo que se podría perder sin consecuencias, y guardar constancia de las condiciones aceptadas.

La rentabilidad prometida y el riesgo asumido siempre viajan juntos, aunque no se vean.

Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.

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