- El 15 de junio la Reserva Federal subió los tipos 0,75 puntos, la mayor subida desde 1994.
- Lo hizo tras un dato de inflación peor de lo esperado: estaba dispuesta a frenar la economía para contener los precios.
- Los activos de riesgo, de las bolsas a los criptoactivos, lo acusaron de inmediato: conviene saber cuánto riesgo se tiene realmente en cartera.
El 15 de junio de 2022 la Reserva Federal subió los tipos de interés 0,75 puntos, la mayor subida desde 1994, tras un dato de inflación peor de lo esperado. Dos meses antes, el banco central había subido medio punto; ahora el ritmo se aceleraba otra vez. Era la señal más clara hasta entonces de que la prioridad absoluta era controlar los precios, incluso a costa del crecimiento.
Una subida de este tamaño no es una decisión rutinaria. Se toma cuando el banco central considera que las condiciones lo exigen, y comunica a todos los agentes económicos que la política monetaria ha entrado en una fase mucho más restrictiva. Para empresas, inversores y familias de cualquier país, importa porque el dólar y los tipos estadounidenses condicionan el coste del dinero y el comportamiento de los mercados en todo el mundo.
Un dato peor de lo previsto
Los bancos centrales ajustan sus decisiones a los datos que van conociendo. Una inflación peor de lo esperado indica que las subidas anteriores no estaban siendo suficientes, y empuja a actuar con más fuerza para evitar que las expectativas de precios altos se enquisten en la economía. Es, en cierto modo, una rectificación: el banco central ajusta su estrategia cuando los hechos desmienten sus previsiones.
Las expectativas importan mucho: si empresas y trabajadores asumen que los precios seguirán subiendo, ajustan sus propios precios y salarios en consecuencia, y eso alimenta la inflación por sí mismo. Los bancos centrales intentan evitarlo con acciones visibles y contundentes. Por eso una cifra mala puede provocar una reacción mayor de la prevista, y por eso conviene seguir los datos más que las declaraciones aisladas.
Frenar la economía para contener los precios
El mensaje era inequívoco: la Fed estaba dispuesta a frenar la economía para contener los precios. Esto significa asumir un coste, en forma de menor crecimiento, mayor desempleo potencial y un crédito más caro, a cambio de recuperar la estabilidad de precios a medio plazo. La palabra clave es «coste»: ninguna política monetaria restrictiva es gratuita, y quien la aplica asume que habrá efectos negativos a corto plazo.
Es un equilibrio difícil, y nadie puede garantizar que salga bien. Si el endurecimiento es demasiado suave, la inflación persiste; si es excesivo, la actividad cae más de lo deseable. Las familias y las empresas no controlan esa decisión, pero sí pueden prepararse para un entorno de crecimiento más débil y financiación más cara, revisando presupuestos, plazos de cobro y márgenes de seguridad. Las empresas más expuestas son las que dependen de financiación externa y las que venden bienes duraderos, que suelen ser los primeros en notar el enfriamiento de la demanda.
El efecto en los activos de riesgo
Los activos de riesgo, de las bolsas a los criptoactivos, lo acusaron de inmediato. Cuando los tipos suben con rapidez, el dinero tiende a salir de los activos más volátiles hacia opciones más seguras, y conviene que cada inversor sepa cuánto riesgo tiene realmente en cartera y si ese nivel sigue siendo adecuado para su situación. Si la cartera incluye activos de distinto riesgo, conviene saber qué parte representa cada uno y cómo se comportó en las caídas recientes.
Un buen ejercicio consiste en preguntarse cuánto podría caer la cartera en un escenario adverso y si esa caída sería tolerable sin necesidad de vender. Si la respuesta es no, quizá el riesgo sea mayor que el deseado y convenga revisarlo con calma, no con prisa. Esta nota es información general y no una recomendación de inversión; la decisión debe adaptarse a los objetivos y al plazo de cada persona.
Los tipos altos no se notan solo en los préstamos: se notan en el precio de casi todo.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


