- El 24 de abril Emmanuel Macron ganó la segunda vuelta de las presidenciales francesas frente a Marine Le Pen.
- Los mercados europeos recibieron el resultado con alivio: un resultado distinto habría abierto un periodo de incertidumbre sobre el futuro del bloque.
- Francia es un socio clave de Cataluña: conviene revisar cuánto pesa cada mercado en la cifra de negocio y la exposición a determinados países.
El 24 de abril de 2022 Emmanuel Macron ganó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas frente a Marine Le Pen. Los mercados europeos recibieron el resultado con alivio. La estabilidad política de la segunda economía de la zona euro se mantenía, y con ella el rumbo de la relación de Francia con la Unión Europea. Para inversores y empresas, la cuestión no era solo quién ganaba, sino qué consecuencias tendría el resultado para las políticas económica y europea.
Las elecciones en un país vecino no siempre ocupan los titulares de la prensa económica, pero pueden influir en los negocios más de lo que parece. La política económica, las relaciones comerciales y la posición ante las instituciones europeas dependen en buena medida de quien gobierna. Para una empresa con clientes, proveedores o inversiones en Francia, el resultado de unas elecciones es también una cuestión de planificación.
Por qué los mercados lo seguían
Las elecciones en una economía de ese tamaño pueden alterar el rumbo de la política económica y de la relación con la Unión Europea. Los mercados siguieron la segunda vuelta con atención porque un resultado distinto habría abierto un periodo de incertidumbre sobre el futuro del bloque. La relación económica con Francia es estrecha: cualquier cambio de rumbo allí se transmite con rapidez a las empresas catalanas.
A los mercados no les gusta la incertidumbre, y eso explica que reaccionen a los procesos electorales aunque el resultado no cambie de inmediato las cuentas de ninguna empresa. Lo que valoran es la previsibilidad: saber qué reglas de juego van a regir en los próximos años. Cuando esa previsibilidad se confirma, el riesgo percibido baja; cuando se pone en duda, sube. Que el resultado confirmara la continuidad no elimina la incertidumbre de fondo, sino que la aplaza; por eso la prudencia sigue siendo necesaria.
Un socio clave para Cataluña
Francia es uno de los principales socios comerciales de Cataluña. Muchas empresas catalanas exportan o importan allí, tienen clientes o proveedores franceses, o dependen de turistas del país vecino, de modo que su estabilidad política repercute directamente en sus negocios.
Esa cercanía no es solo geográfica. Las cadenas de valor de muchos sectores cruzan la frontera, y las decisiones regulatorias, fiscales o laborales que se adoptan en París afectan a empresas de este lado. Por eso resulta útil seguir la actualidad política del país vecino con la misma atención con la que se sigue la propia, sin necesidad de convertirse en analista. Quien vende en Francia o compra allí debería saber qué proporción de su facturación o de sus compras depende de ese mercado, y qué haría si esa relación se complicara.
La política como variable
Su estabilidad política importa a las empresas catalanas tanto como cualquier dato macroeconómico. Conviene tener presente la exposición a determinados países cuando se planifican ventas, financiación o inversiones, y revisar de vez en cuando cuánto pesa cada mercado en la cifra de negocio.
Una forma práctica de hacerlo es incluir el riesgo político en el análisis de cada mercado clave, junto con el tipo de cambio, la competencia y la solvencia de los clientes. No se trata de predecir elecciones, sino de saber qué pasaría con el negocio si cambiara el entorno y cuánto tiempo habría para adaptarse. Esa reflexión, hecha con calma, ahorra muchas improvisaciones. Revisar la concentración de clientes y proveedores por país es un ejercicio sencillo que rara vez se hace hasta que ocurre algo.
La política de los vecinos es también parte del entorno en el que trabajamos.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


