Wall Street roza el mercado bajista

Claves
  • El 20 de mayo el S&P 500 llegó a caer, durante la sesión, un 20 % desde su máximo de enero, el umbral que define un mercado bajista.
  • Eran siete semanas seguidas de caídas, con titulares cada vez más alarmantes.
  • Vender en plena caída convierte una pérdida contable en una pérdida real: conviene tener un plan escrito y hecho con calma, y revisarlo con un asesor.

El 20 de mayo de 2022 el índice S&P 500 llegó a caer, durante la sesión, un 20 % desde su máximo de enero, el umbral que define un mercado bajista. Venía de siete semanas seguidas de caídas. Los titulares se hicieron cada vez más alarmantes, y muchos inversores se preguntaron si debían reducir su exposición antes de que la situación empeorara. Es una cifra que se sigue con atención porque condensa en un número el estado de ánimo del mercado.

Es en estos momentos cuando se comprueba si la estrategia de inversión estaba bien pensada. Es fácil sentirse cómodo con las subidas; lo difícil es mantener la calma cuando el valor de la cartera baja semana tras semana. Esta nota no recomienda comprar ni vender nada: recuerda, con carácter general, qué herramientas ayudan a decidir con la cabeza fría en lugar de con la reacción del momento.

Qué es un mercado bajista

Por convención, se habla de mercado bajista cuando un índice cae un 20 % desde su último máximo. No es una cifra mágica, pero sirve como referencia para distinguir una corrección normal de un periodo prolongado de pesimismo, y suele venir acompañado de titulares alarmantes.

Los mercados bajistas forman parte de la historia financiera: aparecen de vez en cuando, duran más o menos y son seguidos, antes o después, por recuperaciones, aunque nadie puede asegurar cuándo ni con qué fuerza. Lo que cambia entre unos y otros es el contexto que los provoca. En este caso, el detonante eran la inflación y la subida de tipos, de modo que el análisis debía incorporar ambos factores. También conviene recordar que el índice es un promedio: dentro de él hay empresas que caen más y otras menos, y la experiencia de cada cartera puede ser muy distinta.

La tentación de vender

En momentos así, la tentación es vender para dejar de sufrir. Es una reacción humana, pero tiene un coste: quien vende en plena caída convierte una pérdida contable en una pérdida real, y corre el riesgo de quedarse fuera cuando el mercado se recupera.

Los estudios sobre el comportamiento de los inversores muestran que el miedo y la euforia suelen empujar a decidir en el peor momento: vender tras las caídas y comprar tras las subidas. No significa que mantener sea siempre la mejor opción, sino que decidir bajo presión emocional rara vez lo es. Un procedimiento establecido de antemano ayuda a distinguir entre una decisión meditada y un impulso. Un plan define de antemano cuánto riesgo se asume, en qué proporciones y bajo qué condiciones se revisa. No elimina el malestar de ver caer el valor, pero evita que cada titular se convierta en una decisión de inversión.

Un plan hecho con calma

La historia sugiere que las decisiones tomadas con miedo suelen ser peores que un plan hecho con calma antes de la tormenta. Un plan de inversión escrito, con objetivos, plazos y un nivel de riesgo asumible, ayuda a mantener la cabeza fría. Si ese plan ya no encaja con la situación personal, es el momento de revisarlo con un asesor, no en mitad del pánico.

Revisar el plan implica preguntarse si el dinero invertido se va a necesitar a corto plazo, si el nivel de riesgo sigue siendo tolerable y si la cartera está demasiado concentrada en un tipo de activo. Si la respuesta a alguna de estas preguntas ha cambiado, tiene sentido ajustar. Si no ha cambiado, la caída, por incómoda que sea, no obliga a modificar nada por sí sola. Esta nota es información general, no una recomendación de inversión. Mantener una reserva de liquidez para los gastos previsibles evita tener que vender activos en el peor momento para atender un pago.

El mejor momento para decidir cuánto riesgo se aguanta es antes de que llegue la caída.

Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.

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