El 8 de julio de 2022 murió Shinzo Abe, ex primer ministro de Japón, tras ser tiroteado en Nara durante un acto de campaña. Repasamos los hechos y el legado económico de las «abenomics».

El 8 de julio de 2022, el ex primer ministro japonés Shinzo Abe murió a los 67 años tras recibir dos disparos por la espalda cuando pronunciaba un discurso de campaña a las puertas de una estación de tren de Nara, en el oeste de Japón. Fue trasladado en helicóptero a un hospital, donde murió. La policía detuvo en el lugar a Tetsuya Yamagami, de 41 años y antiguo miembro de las fuerzas navales japonesas, sospechoso de asesinato; según la policía, utilizó un arma de fabricación casera de unos 40 centímetros y reconoció los hechos.
El ataque se produjo dos días antes de las elecciones a la Cámara alta del domingo 10 de julio. El primer ministro, Fumio Kishida, lo calificó de bárbaro y aseguró que los comicios seguirían adelante. Se celebraron según lo previsto: la coalición del Partido Liberal Democrático (63 escaños) y Komeito (13) obtuvo 76 de los 125 escaños en juego, y la participación subió hasta alrededor del 52 %.
Quién fue Abe
Abe fue primer ministro por primera vez en 2006, a los 52 años, el más joven de la historia de Japón, y dejó el cargo un año después, en parte por motivos de salud. Volvió al poder en 2012 y lo mantuvo hasta 2020, cuando dimitió alegando una recaída de la colitis ulcerosa que padecía desde la adolescencia. Cuando se marchó, era el primer ministro que más tiempo había estado en el cargo en Japón. Ganó seis elecciones nacionales y siguió siendo una figura influyente en el Partido Liberal Democrático, donde lideraba su mayor facción.
Las «abenomics»
Con ese nombre se conoce la política económica que Abe puso en marcha en 2012, basada en «tres flechas»: expansión monetaria, estímulo fiscal y reformas estructurales. Su objetivo era poner fin a la deflación y reactivar la economía. En enero de 2013, el Gobierno y el Banco de Japón fijaron en una declaración conjunta un objetivo de inflación del 2 %, y en abril de ese año el banco central, con Haruhiko Kuroda al frente, lanzó un programa de compras de activos que duplicó la base monetaria.
La expansión monetaria debilitó el yen y elevó las cotizaciones bursátiles, lo que benefició a las grandes empresas exportadoras. En abril de 2014, el impuesto japonés sobre el consumo subió del 5 % al 8 %, y la economía se estancó después de esa subida. En junio de 2022, el Banco de Japón seguía aplicando aquella orientación: el 17 de junio mantuvo su tipo a corto plazo en el –0,1 % y su compromiso de que el rendimiento del bono a diez años se mantenga en torno al 0 %, mientras otros grandes bancos centrales ya subían tipos.
Un balance con matices
Los analistas coinciden en que los resultados fueron mixtos. La deflación se frenó, el desempleo cayó a mínimos de décadas y Japón encadenó ocho trimestres de crecimiento entre 2015 y 2017, su racha más larga en casi treinta años. Pero el objetivo de inflación del 2 % no se alcanzó de forma sostenida, el crecimiento real medio de su segundo mandato fue del 0,9 % (según el economista Kaya Keiichi, sin contar 2020), la meta de elevar el PIB nominal a 600 billones de yenes en 2020 no se cumplió y los salarios crecieron menos de lo esperado.
La deuda pública superaba el 200 % del PIB antes de la pandemia, la más alta de la OCDE. Su sucesor, Yoshihide Suga, prometió continuar las «abenomics»; el actual primer ministro, Fumio Kishida, ha tomado distancias y habla de un «nuevo capitalismo».
Abe dejó un legado económico discutido: las medidas son conocidas y el juicio sobre sus efectos seguirá abierto.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


