- El 24 de julio el Nasdaq vivió una de sus peores sesiones desde 2022, tras resultados que hicieron dudar de cuándo rentabilizarían las grandes tecnológicas sus inversiones en IA.
- Toda gran ola tecnológica tiene momentos de exceso y de corrección; que una tecnología transforme no implica que todos los precios sean razonables.
- Conviene definir de antemano el horizonte y el nivel de riesgo aceptable, para no decidir en mitad de una mala sesión.
El 24 de julio de 2024, el Nasdaq, el índice en el que pesan las grandes tecnológicas, vivió una de sus peores sesiones desde 2022. Los resultados empresariales hicieron dudar a los inversores de cuándo rentabilizarían esas compañías sus enormes inversiones en inteligencia artificial. Tras meses de entusiasmo, el mercado se preguntaba con seriedad cuánto tardaría en llegar el retorno de tanto gasto. La reacción mostró lo exigente que se vuelve un mercado cuando las promesas ya están incorporadas en las cotizaciones.
No fue un derrumbe del sector, sino una sacudida que obligó a replantear expectativas. Las bolsas habían subido mucho en torno a una idea poderosa, y las ideas poderosas suelen incorporar más optimismo del que los resultados inmediatos pueden justificar. Para quien invierte, la jornada es una oportunidad de reflexionar sobre el papel de las expectativas en los precios y sobre el modo de afrontar las caídas.
Qué ocurrió
La sesión del 24 de julio no respondió a un cambio de opinión sobre la tecnología, sino a unos resultados que ponían en duda el calendario del retorno de las inversiones en IA. Cuando los beneficios actuales no parecen proporcionales al gasto que se está realizando, el mercado empieza a exigir pruebas. No es una crítica a la tecnología, sino la forma habitual en que el mercado pide que las cifras acompañen a la narrativa.
Es una dinámica conocida. Una tecnología promete cambiar sectores enteros y los inversores pagan por adelantado esa promesa; después, cada trimestre, los resultados reales se comparan con lo descontado. Cuando hay una brecha, los precios se ajustan, a veces de golpe. Lo ocurrido no cuestionaba la utilidad de la tecnología, sino el ritmo al que podía traducirse en beneficios para quienes la desarrollan.
Excesos y correcciones
Toda gran ola tecnológica tiene momentos de exceso y de corrección. Que una tecnología sea transformadora no implica que todas las compañías que la desarrollan, ni todos los precios a los que cotizan, sean razonables. Distinguir la calidad de la tecnología del precio de la acción es una de las tareas más difíciles de la inversión.
La historia económica ofrece ejemplos de tecnologías que cambiaron el mundo y que, aun así, pasaron por fases de euforia seguidas de ajustes severos. La innovación puede ser real y el precio, excesivo, a la vez. Por eso quien invierte en un tema concreto debería saber qué parte de su cartera depende de él y qué ocurriría si las expectativas se moderaran durante un periodo prolongado. Diversificar entre sectores y regiones reduce ese riesgo sin renunciar a participar en las tendencias de fondo.
La perspectiva de largo plazo
Distinguir la tendencia de fondo del ruido del mercado es la base de una inversión a largo plazo. Una mala sesión, o incluso un mal trimestre, no cambia por sí sola la evolución de una industria. Lo que sí puede cambiar es el estado de ánimo de quien observa las cotizaciones día a día, y las decisiones tomadas en ese estado suelen ser peores que las meditadas. Por eso muchos inversores prefieren automatizar sus aportaciones y revisar la cartera con una periodicidad fija.
Conviene tener definido de antemano el horizonte y el nivel de riesgo aceptable, para no tener que decidirlo en mitad de una mala sesión. Un plan escrito, revisado con el asesor, que establezca qué proporción de la cartera se dedica a cada tipo de activo y cuándo se reequilibra, ayuda a no reaccionar a cada titular. Esta nota es información general y no una recomendación de inversión. Cada persona debe ajustar su estrategia a su situación, a su edad y a sus necesidades de liquidez.
Las caídas puntuales forman parte del camino, y lo que cuenta es el plan.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


