Los precios bajan en Estados Unidos

Claves
  • El 11 de julio se publicó que los precios en Estados Unidos habían bajado en junio respecto a mayo, por primera vez desde 2020; la inflación anual era del 3 %.
  • El mercado dio por hecha una bajada de tipos en septiembre, porque con precios más calmados el banco central tiene más margen.
  • Una expectativa de mercado no es una decisión del banco central: conviene no tratarla como si lo fuera.

El 11 de julio de 2024 se publicó que los precios en Estados Unidos habían bajado en junio respecto a mayo, por primera vez desde 2020, con la inflación anual en el 3 %. El dato fue recibido como una confirmación de que la lucha contra la inflación avanzaba, y el mercado dio por hecha una bajada de tipos en septiembre. Fue una de esas jornadas en las que una cifra mueve las expectativas de medio mundo. La reacción de los mercados fue inmediata, y buena parte de ella respondía más a lo que el dato permitía esperar que al dato en sí.

Para entender su alcance conviene distinguir dos cosas que a menudo se confunden: lo que dicen los datos y lo que decide el banco central. Entre ambas hay un espacio de interpretación en el que se forman las expectativas de los mercados, y de ellas depende el precio de la deuda, de las hipotecas y de buena parte de los activos financieros, mucho antes de que el banco central haya tomado ninguna decisión.

Qué dijo el dato

El IPC, o índice de precios de consumo, mide la variación de los precios de una cesta de bienes y servicios. Se publica cada mes y se compara tanto con el mes anterior como con el mismo mes del año pasado. El dato de junio fue relevante precisamente por eso: mostró un descenso en la lectura mensual, algo que no se veía desde 2020, mientras la tasa anual seguía en el 3 %.

Es importante entender la diferencia entre la tasa mensual y la anual. Una caída respecto al mes anterior indica que, en ese tramo, los precios dejaron de subir; la inflación anual del 3 % significa que los precios seguían siendo, de media, un 3 % superiores a los de un año antes. Una cosa y otra pueden convivir sin contradicción, y de ahí que bajar la inflación no equivalga a abaratar la vida. Recuperar el nivel de precios anterior requeriría una caída sostenida, algo poco habitual y no deseable en condiciones normales.

Una inflación bajo control

La batalla contra la inflación parecía ganada. Esa expectativa de una bajada en septiembre tenía lógica: con los precios más calmados el banco central tiene más margen para abaratar el dinero. Mantener los tipos altos tiene un coste para la economía, y cuando la inflación deja de ser el problema principal, ese coste empieza a pesar más en la balanza.

Aun así, un solo dato no cambia una tendencia. Los bancos centrales miran varios meses seguidos, el empleo, los salarios y otros indicadores antes de actuar. Que el mercado descuente una decisión no significa que esta vaya a producirse en la fecha esperada, y la historia reciente demuestra que las previsiones se corrigen con frecuencia cuando llegan datos distintos.

Qué significa para las inversiones

Con tipos bajando, las inversiones a largo plazo y el inmobiliario volvían a ganar atractivo, ya que la financiación resulta más barata. Un préstamo con un interés menor permite calcular mejor la rentabilidad de un proyecto, y los activos que dependen de la deuda, como los inmuebles, suelen beneficiarse. Pero esa ventaja es relativa, y cada operación debe analizarse por sí misma. Una bajada de tipos mejora las cuentas de un proyecto marginal, pero no convierte en bueno uno que no lo era.

Aun así, una expectativa de mercado no es una decisión del banco central, y conviene no tratarla como si lo fuera. Quien planifique una inversión o una refinanciación sobre la base de una bajada futura debería hacer sus cálculos también con los tipos actuales, para comprobar que el proyecto aguanta si el calendario se retrasa. Esta nota es información general, no una recomendación de inversión.

Los datos ayudan, pero los bancos centrales deciden.

Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.

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