- El 19 de marzo el Banco de Japón subió los tipos por primera vez desde 2007 y puso fin a ocho años de tipos negativos.
- Era el último gran banco central que los mantenía: se cerraba una etapa excepcional de política monetaria.
- Muchas inversiones en el mundo se financiaban con yenes baratos; cuando los tipos de ese país suben, el cálculo cambia.
El 19 de marzo de 2024, el Banco de Japón subió los tipos de interés por primera vez desde 2007 y puso fin a ocho años de tipos negativos. Era el último gran banco central que todavía los mantenía, de modo que la decisión cerraba una etapa de política monetaria excepcional y devolvía al país a una situación más parecida a la de las demás grandes economías.
A primera vista podía parecer una noticia lejana, de interés solo para especialistas en Asia. No lo era. Japón es una de las mayores economías del mundo, y su moneda y sus tipos influyen en cómo se financian inversiones en muchos otros mercados. Entender qué significa un tipo negativo y por qué su abandono importa ayuda a leer mejor el riesgo de cualquier cartera, incluso la de quien nunca ha invertido allí. Esta nota repasa qué ocurrió, por qué se llegó a esa situación y qué efectos pueden notarse lejos de Tokio.
Ocho años de tipos negativos
Con tipos negativos, los bancos pagan por depositar su dinero en el banco central en lugar de cobrar por ello. Es una medida pensada para estimular una economía débil: si guardar dinero cuesta, los bancos tienen más incentivos para prestarlo, y las empresas y las familias para gastarlo o invertirlo. Se aplica en circunstancias excepcionales y por eso se considera una herramienta extrema. Cuando se aplica durante años, además, puede generar efectos secundarios en los bancos y en los ahorradores, y por eso su retirada suele hacerse con cautela.
Japón fue el último gran banco central en mantenerlos, y su abandono cerraba una etapa de política monetaria excepcional. Que la subida llegara por primera vez desde 2007 da idea de lo larga que había sido esa fase. Para el mercado podía leerse además como una señal sobre cómo veía el propio banco la economía japonesa: lo bastante sólida como para prescindir del estímulo extraordinario. Conviene, con todo, no sobreinterpretar un solo gesto: los bancos centrales ajustan sus decisiones a los datos que van conociendo.
El yen barato
El fin del dinero gratis japonés tendría consecuencias meses después: muchas inversiones en el mundo se financiaban con yenes baratos. Pedir prestado en una divisa con intereses muy bajos para invertir en otra es una estrategia conocida entre los profesionales de los mercados. Mientras los intereses de la primera divisa son bajos y su cotización se mantiene estable, el negocio sale bien.
Cuando los tipos de esa divisa suben, el cálculo cambia: la deuda cuesta más y, si la moneda se aprecia, además se encarece al devolverla desde otra divisa. Quienes han construido posiciones con ese apoyo pueden verse obligados a deshacerlas a la vez, y eso mueve los precios de activos que, en apariencia, no tienen nada que ver con Japón. No es que el Banco de Japón controle esos mercados, sino que su decisión cambia el precio de una financiación que muchos habían dado por permanente.
Un efecto lejano
Los cambios en un país lejano pueden mover los mercados propios. Los precios de los activos están conectados por la financiación, aunque uno no invierta nunca en Japón, y conviene tenerlo presente al valorar el riesgo de una cartera. Un fondo de bolsa estadounidense o una cartera de renta fija europea comparten, sin que se vea, parte de esa red de deudas y préstamos cruzados.
Para el inversor particular, la lección práctica no es predecir esos movimientos, que ni los profesionales anticipan con exactitud, sino evitar construir su situación financiera sobre una única circunstancia. Conviene entender cómo está financiado lo que se posee, no endeudarse en una divisa distinta de la de los ingresos sin una razón clara y comentar con el asesor qué ocurriría con la cartera ante un cambio brusco de condiciones. Una cartera bien diversificada y un nivel prudente de deuda son las mejores defensas frente a sorpresas que nadie puede prever.
Nada en los mercados globales está tan lejos como parece.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


