- A mediados de febrero había más de cien mil soldados rusos junto a la frontera ucraniana, y Estados Unidos advertía de una invasión inminente.
- Bolsas, gas y petróleo se movían con cada declaración: los mercados reaccionan a las expectativas, no solo a los hechos.
- Un riesgo geopolítico no se puede predecir, pero sí se puede medir la propia dependencia de la energía y de los proveedores y dejar un plan sencillo por escrito.
A mediados de febrero de 2022, con más de cien mil soldados rusos junto a la frontera ucraniana, Estados Unidos advertía de que una invasión era inminente. Cada declaración y cada noticia desde el este de Europa alimentaban la incertidumbre. Las bolsas, el precio del gas y el del petróleo oscilaban casi a diario en función de lo que se iba sabiendo. Los movimientos eran amplios y a menudo contradictorios, porque la misma noticia podía interpretarse de maneras opuestas según quién la leyera.
Para quien dirige una empresa o gestiona el patrimonio de una familia, la dificultad era doble. Por un lado, nadie sabía cómo evolucionaría la situación. Por otro, los efectos económicos de un conflicto en Europa podían llegar por varios caminos a la vez: la energía, el comercio, la confianza de los inversores. En un contexto así, más que adivinar, conviene identificar de qué se depende y cómo se está cubierto. Esa pregunta sirve igual para una pyme que para una familia con ahorros, aunque las respuestas sean distintas.
Por qué se mueven los mercados
Los mercados financieros descuentan expectativas, no solo hechos. Ante la amenaza de un conflicto, los inversores revisan sus previsiones sobre el suministro de energía, el comercio y el crecimiento, y los precios reaccionan a cada comunicado aunque la situación sobre el terreno no haya cambiado.
Esto explica que los precios puedan caer o subir con fuerza en un día en que no ha pasado nada nuevo sobre el terreno. Los mercados incorporan lo que se espera, y una declaración puede cambiar esas expectativas al instante. Por eso es poco útil reaccionar a cada titular: la volatilidad es la forma en que el mercado digiere la incertidumbre, no necesariamente una señal de lo que ocurrirá. Quien tiene un horizonte largo y un plan definido puede permitirse mirar el ruido con distancia; quien necesita el dinero en pocos meses debería haberlo previsto de otra forma.
Un riesgo difícil de medir
Los riesgos geopolíticos son difíciles de cuantificar, porque no responden a un historial de datos como otras variables económicas. Esto no significa que no puedan prepararse: una empresa o una familia pueden analizar a qué tipo de escenarios es más vulnerable sin necesidad de predecir cuál ocurrirá.
Un ejercicio útil consiste en plantearse escenarios en lugar de pronósticos: qué ocurriría si la energía se encareciera mucho más, si un proveedor dejara de entregar o si se complicaran los pagos con una región. No se trata de adivinar, sino de saber con antelación qué se haría y de cuánto margen se dispone para hacerlo. Un ejercicio así, hecho con calma, evita tener que improvisar si el escenario se materializa.
El primer paso
Saber cuánto depende un negocio de la energía o de proveedores de una región concreta es el primer paso. A partir de ahí, conviene valorar alternativas de suministro, el margen de caja disponible y las coberturas existentes, y dejar por escrito un plan de actuación sencillo.
El plan no necesita ser complejo. Una página con las dependencias principales, los responsables de cada decisión y los umbrales a partir de los cuales se actúa suele ser más útil que un documento extenso que nadie consulta. Revisarlo con un asesor ayuda a detectar puntos ciegos, y actualizarlo cuando cambian las circunstancias evita que quede obsoleto. La diferencia entre estar preparado y no estarlo suele ser tan simple como tener las preguntas hechas de antemano.
No se puede predecir el próximo susto, pero sí saber de dónde dependemos.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


