- El 3 de noviembre Estados Unidos celebró elecciones presidenciales; el recuento se alargó varios días y Joe Biden fue proclamado ganador el 7 de noviembre.
- Los mercados temen más la incertidumbre que un resultado concreto: cuando se aclara, lo incorporan y pasan a otra cosa.
- Una estrategia bien construida se diseña para resistir noticias, no para reaccionar a cada una.
El 3 de noviembre de 2020 Estados Unidos celebró elecciones presidenciales. El resultado no estuvo claro de inmediato: el recuento se alargó varios días, hasta que Joe Biden fue proclamado ganador el 7 de noviembre. Durante ese tiempo, los mercados operaron con la incertidumbre propia de unos comicios muy ajustados, en los que cada actualización de los resultados podía cambiar la percepción de quién gobernaría. Era, en definitiva, un periodo de poca información y mucha especulación.
Para quien tiene ahorros o inversiones, unas elecciones en la mayor economía del mundo despiertan una pregunta natural: ¿cambiará esto mi cartera? La respuesta razonable es que lo importante no es acertar el resultado, sino entender cómo se reacciona a la incertidumbre y qué decisiones merece la pena tomar, o no tomar, cuando el titular del día cambia cada pocas horas. Esa reflexión es válida para cualquier cita electoral relevante.
Un recuento largo
Un recuento tan largo mantiene en suspenso a ciudadanos, empresas e inversores, porque hasta el último voto contado cualquier titular puede cambiar el panorama. Esos días muestran cómo una cita electoral se convierte en un asunto económico: no por el resultado en sí, sino por el tiempo que se tarda en conocerlo.
Un recuento largo no es necesariamente un signo de problemas: obedece a los procedimientos de cada territorio y al volumen de votos que hay que contar y verificar. Pero introduce un periodo en el que no se conoce el resultado, y ese vacío de información es precisamente lo que más incomoda a quienes toman decisiones económicas. Mientras dura, es habitual ver movimientos de precios que luego se revierten. Quien opera con horizontes cortos las sufre más; quien invierte con plazos largos puede observarlas con más distancia.
Por qué temen los mercados
Los mercados temen más la incertidumbre que un resultado concreto. Cuando no se sabe quién gobernará, ni con qué mayorías, resulta difícil valorar el efecto sobre impuestos, regulación o gasto público. Una vez que el resultado es claro, los mercados lo incorporan y pasan a ocuparse de otra cosa. Con frecuencia, el impacto real de un cambio político tarda en notarse y depende de lo que finalmente se apruebe.
Esto explica por qué la volatilidad tiende a concentrarse en los días previos y posteriores a un acontecimiento incierto, y por qué suele disminuir cuando se aclara el panorama. Para quien invierte con una perspectiva de largo plazo, esos movimientos son ruido más que señal. El riesgo está en convertir una oscilación temporal en una pérdida definitiva por actuar bajo presión emocional. Las emociones tienden a empujar a decisiones tardías, tomadas cuando el precio ya se ha movido.
Ni cambiar ni improvisar
Para un inversor de largo plazo, las elecciones rara vez justifican cambiar una estrategia bien construida. Las decisiones tomadas por la noticia del día suelen ser peores que las meditadas con antelación. Si la estrategia refleja los objetivos, el horizonte y la tolerancia al riesgo de cada persona, no debería depender del resultado de una votación. Esto vale cualquiera que sea el resultado concreto y la opinión que cada cual tenga de él.
Eso no significa desentenderse. Es razonable revisar con cierta periodicidad si la cartera sigue alineada con los objetivos, si la liquidez es suficiente para las necesidades previstas y si hay concentraciones excesivas en un país, un sector o un activo. Pero esa revisión debe hacerse con calma, con el asesor y con los datos de la propia situación, y no en el calor de una noche electoral. Una buena estrategia incluye reglas previas sobre cuándo se revisa y quién participa en la decisión.
Una estrategia sólida se diseña para resistir noticias, no para reaccionar a cada una.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


