EE. UU. sube aranceles a China al 25 %

Claves
  • El 10 de mayo Estados Unidos subió del 10 % al 25 % los aranceles sobre 200.000 millones de dólares de importaciones chinas.
  • La medida llegó tras romperse las negociaciones y encarecía de forma notable un volumen muy amplio de mercancías.
  • Conviene saber qué parte de la cadena de valor propia pasa por China o EE. UU. y diversificar con tiempo.

El 10 de mayo de 2019 Estados Unidos subió del 10 % al 25 % los aranceles sobre 200.000 millones de dólares de importaciones chinas, tras romperse las negociaciones entre ambos países. Era un paso más en la guerra comercial que enfrentaba a las dos mayores economías del mundo, y endurecía de forma notable las condiciones para un volumen muy amplio de productos. Para el comercio mundial, el anuncio fue una señal de que la disputa seguiría con medidas adicionales, y no de que se acercara una solución rápida.

La decisión llegaba después de meses en los que los mercados habían esperado un acuerdo que redujera las tensiones. Al romperse las conversaciones, el escenario cambiaba: lo que parecía una disputa negociable pasaba a ser un conflicto con consecuencias concretas para los precios, las cadenas de suministro y las decisiones de inversión de empresas de todo el mundo, incluidas las europeas. Las empresas que importan o exportan, aunque no comercien directamente con esos países, suelen ver reflejados estos movimientos en los costes de transporte, en las materias primas y en los plazos.

Qué es un arancel

Un arancel es un impuesto que se paga al importar un producto. Quien lo soporta es, en primera instancia, el importador, que a menudo lo traslada a sus clientes en forma de precios más altos. Pasar del 10 % al 25 % encarecía de forma notable un volumen muy amplio de mercancías y modificaba el cálculo de costes de quienes dependían de ellas.

Los aranceles tienen un doble efecto: protegen en teoría a los productores locales frente a la competencia exterior, pero encarecen los productos y los componentes que las empresas del propio país necesitan. Además, suelen provocar respuestas de la otra parte, de modo que el conflicto tiende a escalar. Por eso las guerras comerciales rara vez tienen un solo perdedor ni un solo ganador. La consecuencia práctica es que los precios finales pueden subir, que los márgenes se estrechan o que ambas cosas ocurren a la vez, según la capacidad de cada empresa para absorber el aumento.

Un efecto en cadena

Las guerras comerciales no solo afectan a los dos países enfrentados. Alteran las rutas de suministro, los precios de materias primas y componentes y las decisiones de dónde producir. Una empresa que fabricaba en un país para vender en otro puede replantearse su ubicación, y ese movimiento repercute en proveedores, transportistas y clientes de terceros países.

Las empresas europeas, incluidas las catalanas, pueden verse afectadas de manera indirecta, como proveedoras de empresas expuestas o como competidoras en terceros mercados. Un fabricante que vende componentes a otro que exporta a Estados Unidos o a China puede notar la caída de pedidos sin haber tenido nunca una relación directa con esos mercados. La exposición no siempre se ve a primera vista. Por eso conviene preguntar a los proveedores clave por su propia exposición, y no solo revisar la de la empresa.

Dónde mirar

La pregunta útil es qué parte de la cadena de valor propia pasa por China o por Estados Unidos, y cómo reaccionaría el negocio si los costes de esas rutas cambiaran. Conviene mapear proveedores, clientes y subcontratistas, y estimar qué peso tienen esas rutas en los costes y en las ventas, así como qué alternativas existen en caso de necesidad.

Diversificar proveedores y mercados lleva tiempo, y empezar con antelación permite hacerlo sin presión. También conviene revisar las cláusulas de precios de los contratos, para saber quién asume un posible encarecimiento, y mantener una tesorería con margen. El asesor puede ayudar a evaluar la exposición y a ordenar las medidas por orden de prioridad. En paralelo, es razonable seguir las noticias sobre las negociaciones, porque un acuerdo posterior podría revertir parte de estas medidas, y conviene no tomar decisiones irreversibles sobre una base transitoria.

El comercio internacional no es un hecho dado, sino una variable que conviene vigilar.

Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.

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