- El 23 de marzo S&P elevó la calificación de la deuda española a A-.
- La agencia reconoció la recuperación económica y la mejora de las cuentas públicas.
- Una nota mejor suele ayudar a financiarse en mejores condiciones; conviene aprovechar para ordenar la propia financiación.
El 23 de marzo de 2018, la agencia S&P elevó la calificación de la deuda española a A-, reflejando la recuperación económica y la mejora de las cuentas públicas. Era un reconocimiento externo al camino recorrido por la economía española en los años anteriores, y una señal que los mercados y los inversores internacionales tienen en cuenta al decidir dónde colocar su dinero. También lo hace el propio Estado, que se financia emitiendo deuda y que tiene interés en que esa deuda se perciba como segura.
Las calificaciones de deuda suelen parecer un asunto lejano, propio de gobiernos y grandes inversores. Sin embargo, influyen en el entorno en que se mueven las empresas y las familias: en lo que cuesta financiarse, en la disposición de los bancos a prestar y en la confianza con que se mira un país desde fuera. Entender cómo funcionan ayuda a interpretar mejor las noticias económicas. Y evita tanto el entusiasmo excesivo ante una mejora como la alarma desproporcionada ante un empeoramiento.
Qué mide una calificación
Las agencias de calificación valoran la capacidad de un emisor, en este caso un Estado, de devolver su deuda. Una nota más alta indica menor riesgo percibido y, en principio, ayuda a que el Estado y las empresas del país se financien en mejores condiciones.
La calificación se expresa en letras, y cada escalón refleja una probabilidad distinta de que el deudor cumpla. No es una medida exacta ni una garantía: es la opinión fundada de una agencia, basada en el crecimiento, el endeudamiento, la capacidad de recaudar y la estabilidad institucional. Los inversores la consideran un dato más entre otros, pero su efecto sobre la percepción de riesgo puede ser notable. Cuando la nota sube, el país suele aparecer ante los inversores como una opción algo más segura; cuando baja, ocurre lo contrario.
Una señal de recuperación
La mejora reflejaba el crecimiento de la economía y el avance en las cuentas públicas. Era un reconocimiento a una trayectoria, no una garantía de futuro: las calificaciones se revisan según evolucionan las circunstancias, y ninguna es definitiva.
Conviene leer el dato con ese equilibrio. Una subida de nota habla de lo que ha ocurrido hasta ahora y de las perspectivas que la agencia considera razonables, pero no impide que la situación cambie. Para el ciudadano, lo útil es entender que el entorno financiero mejora cuando las cuentas se ordenan, y que esa mejora puede revertirse si las condiciones se deterioran. Mantener esa perspectiva ayuda a no basar decisiones a largo plazo, como un endeudamiento elevado, solo en un buen titular.
Efecto en la financiación
Para empresas y familias, el efecto es indirecto pero real: la percepción de solvencia del país influye en el coste del crédito y en la disposición de los inversores. Conviene aprovechar los periodos de mejora para ordenar la propia financiación, alargar plazos o renegociar condiciones cuando sea posible. No es lo mismo tener la deuda ordenada en un momento tranquilo que verse obligado a renegociar bajo presión.
Una buena práctica es hacer inventario de todas las deudas: su importe, su tipo de interés, su vencimiento y sus garantías. Con esa información se puede hablar con las entidades de forma informada, comparar ofertas y decidir si compensa refinanciar. Y un asesor financiero puede ayudar a valorar si las condiciones disponibles son realmente mejores que las actuales, teniendo en cuenta también los costes de cancelar o cambiar un préstamo. Si la comparación es favorable, un momento de mejora del entorno puede ser una buena ocasión para actuar; si no lo es, no hay obligación de hacer nada.
Una buena noticia macroeconómica es una buena ocasión para revisar la propia casa financiera.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


