- El 26 de octubre el BCE anunció que reduciría a la mitad sus compras mensuales de deuda desde enero de 2018.
- Es el primer paso hacia el final de los estímulos: recortar compras no es subir tipos, pero indica que el apoyo extraordinario irá menguando.
- Empresas con deuda y familias con hipoteca a tipo variable deberían medir cómo afectaría una subida de tipos a sus pagos.
El 26 de octubre de 2017 el Banco Central Europeo anunció que reduciría a la mitad sus compras mensuales de deuda desde enero de 2018, primer paso hacia el final de los estímulos. La decisión confirmaba que la política monetaria de la zona euro iniciaba, de manera muy gradual, un camino de normalización tras años de medidas excepcionales aplicadas para sostener la economía después de la crisis. Para empresas y familias, el cambio de ciclo monetario importa tanto como cualquier cambio fiscal o regulatorio.
Se trataba de una noticia esperada, y los mercados la recibieron con calma, pero su significado a medio plazo es importante. El dinero barato, que había facilitado la financiación de Estados, empresas y familias durante tanto tiempo, dejaba de ser algo que se pudiera dar por supuesto. Para quien ha construido planes sobre condiciones de crédito excepcionalmente favorables, es un buen momento para repasar las hipótesis. Lo que ayer era un supuesto razonable puede convertirse mañana en una fuente de tensión financiera.
Qué compraba el BCE
Para estimular la economía tras la crisis, el Banco Central Europeo compraba de forma masiva bonos de gobiernos y empresas. Esas compras mantenían bajos los tipos de interés y facilitaban el acceso al crédito para Estados, empresas y familias. Al comprar bonos, el banco central aumenta su demanda y, con ello, su precio, lo que reduce la rentabilidad que exigen los inversores y, por tanto, el coste de financiarse.
Este mecanismo fue especialmente importante para los países con mayor deuda, que se beneficiaron de condiciones de financiación más favorables de lo que habrían obtenido sin ese apoyo. Pero es un mecanismo extraordinario, concebido para circunstancias excepcionales, y su retirada gradual es la consecuencia lógica de que la economía recupere el pulso. El reto consiste en hacerlo sin provocar sobresaltos. De ahí que el banco central comunique sus pasos con tanta antelación y detalle.
Qué cambia con la reducción
Recortar las compras no significa subir los tipos, pero sí indica que el apoyo extraordinario irá menguando. Para los países con mucha deuda, como España, y para quienes tienen financiación a tipo variable, es una señal de que el dinero barato no durará para siempre. Los tipos oficiales se mantenían bajos, y el banco central había insistido en que cualquier subida llegaría más tarde, pero la dirección del cambio era clara.
Las consecuencias no son inmediatas, pero se irán notando en el coste de las nuevas emisiones de deuda, en las condiciones de financiación y, con el tiempo, en las cuotas de los préstamos a tipo variable. Para el sector bancario, el cambio supone también una transformación del entorno en el que opera. Quien comprenda esa trayectoria con antelación tendrá más margen para adaptar sus decisiones financieras.
Prepararse para tipos más altos
Las empresas con deuda y las familias con hipoteca a tipo variable harían bien en medir cómo afectaría una subida de tipos a sus pagos y valorar, con su banco o un asesor, si conviene fijar condiciones o amortizar. Un ejercicio sencillo consiste en calcular cuánto cambiaría la cuota si el tipo de referencia subiera uno o dos puntos y comprobar si el presupuesto lo soporta. Si la cuota se vuelve incómoda con ese supuesto, es una señal para actuar con tiempo.
Anticiparse siempre es más barato que reaccionar. Si se dispone de excedentes de tesorería, cabe plantearse si es preferible reducir la deuda más cara; si se necesita financiación nueva, quizá convenga cerrarla antes de que las condiciones empeoren. Cada situación es distinta y debe analizarse con calma, con la ayuda de un asesor. Este texto es información general y no una recomendación de inversión.
El final de los estímulos suele ser lento, pero llega.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


