- El 12 de mayo el virus WannaCry, un programa de secuestro de datos, infectó cientos de miles de ordenadores en más de cien países.
- En España afectó a Telefónica, entre otras grandes empresas; en el Reino Unido, a hospitales.
- Actualizar sistemas, hacer copias de seguridad fuera de la red, formar al personal y revisar el seguro reduce mucho el riesgo.
El 12 de mayo de 2017 el virus WannaCry, un programa de secuestro de datos, infectó cientos de miles de ordenadores en más de cien países. En España afectó a Telefónica, entre otras grandes empresas; en el Reino Unido, a hospitales. Fue uno de los ciberataques de mayor alcance conocidos hasta entonces y demostró lo rápido que puede propagarse un programa malicioso cuando encuentra equipos desprotegidos. La velocidad de propagación dejó poco margen de reacción a quienes no estaban preparados.
Para muchas empresas y particulares, fue la primera vez que el riesgo informático dejaba de ser algo abstracto y se convertía en una amenaza concreta: ordenadores bloqueados, mensajes exigiendo un pago y operaciones detenidas. La presencia de hospitales entre los afectados, con las consecuencias que eso implica para pacientes y personal sanitario, subrayó que la seguridad informática no es un asunto exclusivamente técnico. Es una cuestión de continuidad del negocio y, en ciertos sectores, de servicio esencial.
Cómo funciona un secuestro de datos
Este tipo de programa cifra los archivos del ordenador y exige un pago para devolver el acceso. Quien lo sufre queda sin poder usar sus datos, y el daño no es solo económico: también paraliza operaciones y compromete la confianza de clientes y proveedores. Una empresa que no puede facturar, atender pedidos o acceder a sus archivos pierde ingresos cada hora que pasa.
Estos ataques suelen aprovechar fallos de seguridad en equipos que no se han actualizado, o engañar a un usuario para que abra un mensaje o un archivo malicioso. Una vez dentro de una red, el programa puede extenderse de un equipo a otro con rapidez. Por eso la prevención se apoya en dos pilares complementarios: mantener los sistemas al día y formar a las personas que los utilizan.
Un riesgo para cualquier empresa
El ataque no se dirigió contra empresas concretas, sino contra equipos desprotegidos allí donde estuvieran. Eso incluye pequeñas y medianas empresas, despachos profesionales y particulares: no hace falta ser una gran compañía para ser vulnerable, y la presencia de hospitales entre los afectados muestra hasta dónde puede llegar el impacto. Los atacantes buscan sobre todo la facilidad, no el prestigio de la víctima.
Para una pyme, las consecuencias pueden ser especialmente serias, porque suele disponer de menos recursos para recuperarse y de menos redundancia en sus sistemas. Un fallo grave puede detener la actividad durante días y dejar sin acceso a documentos esenciales, desde contratos hasta contabilidad. Valorar este riesgo con realismo, y no como algo que solo les ocurre a otros, es el punto de partida de cualquier plan de protección.
Medidas básicas
Mantener los sistemas actualizados, hacer copias de seguridad fuera de la red habitual, formar al personal para reconocer mensajes sospechosos y revisar si el seguro cubre incidentes informáticos son pasos de bajo coste que reducen mucho el riesgo. Una copia de seguridad que no está conectada a la red habitual es la mejor garantía de que, si todo falla, se podrá recuperar la información sin pagar a nadie. Pagar un rescate nunca garantiza recuperar los datos y puede alentar nuevos ataques.
También conviene definir quién decide y qué se hace si se produce un incidente, y probar de vez en cuando que las copias se pueden restaurar de verdad. Un asesor especializado puede ayudar a evaluar el nivel de protección de la empresa. La seguridad informática no es un producto que se compra una vez, sino una rutina de gestión que se mantiene y se revisa con regularidad.
La seguridad informática es un asunto de gestión, no solo de tecnología.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


