- May anunció elecciones generales para el 8 de junio, pese a haber descartado antes adelantarlas.
- Los Comunes las aprobaron al día siguiente por 522 votos contra 13, muy por encima de los dos tercios necesarios.
- Para las empresas con negocio en el Reino Unido, lo prudente es mantener varios escenarios abiertos y no decidir por un titular.
El 18 de abril de 2017, apenas tres semanas después de activar formalmente la salida de la Unión Europea, la primera ministra británica, Theresa May, anunció que convocaba elecciones generales para el 8 de junio, unos tres años antes de lo previsto. Había descartado esa posibilidad en varias ocasiones. Argumentó que necesitaba un respaldo claro en las urnas para negociar el Brexit con un país y un Parlamento unidos detrás del Gobierno.
Para adelantar unos comicios, la ley británica exige el apoyo de dos tercios de los diputados de la Cámara de los Comunes. El 19 de abril la Cámara votó a favor por 522 votos frente a 13, de modo que la convocatoria quedó en firme. La libra se apreció con fuerza tras el anuncio: según los analistas, un Gobierno con una mayoría más amplia tendría más margen para negociar la salida.
Cómo funciona esta convocatoria
Desde 2011, una ley fija mandatos de cinco años para el Parlamento británico, de modo que las siguientes elecciones estaban previstas para 2020. Solo pueden adelantarse si dos tercios de los diputados lo aprueban o si el Gobierno pierde una moción de confianza. Las elecciones se celebran en 650 circunscripciones y gobierna quien logra la mayoría de 326 escaños, aunque no sea con la mayoría de los votos.
El Partido Conservador gobernaba con una mayoría de solo doce escaños desde 2015, lo que complicaba aprobar una ley controvertida. Convocar elecciones es una apuesta: puede reforzar la posición del Gobierno o, si el resultado no es el esperado, debilitarla. Una campaña de unas siete semanas, además, introduce un periodo de incertidumbre política en un momento especialmente delicado. Los programas de cada partido sobre el Brexit serán, por tanto, un dato que conviene seguir con atención.
El Brexit mientras tanto
La carta con la que el Reino Unido comunicó formalmente su intención de salir, enviada el 29 de marzo, abrió un plazo de dos años de negociación que, en principio, termina en marzo de 2019. Ese reloj no se detiene por unas elecciones. Los otros veintisiete Estados miembros preveían reunirse el 29 de abril para fijar sus directrices de negociación, con independencia de lo que decidieran las urnas británicas.
Para las empresas, el efecto es doble. Por un lado, la campaña puede retrasar decisiones políticas sobre aspectos concretos de la relación futura. Por otro, el resultado condicionará el tono de la negociación y, con él, la probabilidad de un acuerdo más o menos amplio. Ninguna de las dos cosas puede predecirse con certeza, y los sondeos no son una garantía. La experiencia reciente, en el Reino Unido y en otros países, muestra que las encuestas pueden equivocarse.
Qué conviene revisar
Quien vende o compra en el Reino Unido puede aprovechar estas semanas para repasar su exposición a la libra y las condiciones de sus contratos: moneda de facturación, cláusulas de revisión de precios y consecuencias de cambios legales o aduaneros. Con la libra más volátil, conviene decidir con antelación cómo se gestiona el riesgo de cambio, en lugar de reaccionar a cada movimiento.
Tampoco hace falta tomar decisiones irreversibles antes del 8 de junio. Es razonable mantener la actividad con normalidad, preparar escenarios y consultar con el asesor cómo afectaría un resultado u otro a los costes, los plazos y la planificación. Esto es información general y no una recomendación de inversión: cada situación tiene sus propias circunstancias. Lo importante es no depender de un único resultado para que el negocio siga siendo viable.
Ante unas elecciones con resultado abierto, lo sensato es preparar escenarios y no apostar por uno solo.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


