- El 20 de enero Donald Trump tomó posesión como presidente de Estados Unidos con promesas de rebajas fiscales, infraestructuras y proteccionismo.
- Las bolsas estadounidenses llevaban semanas subiendo: los mercados descuentan lo esperado antes de que se aplique.
- Un cambio de ciclo político es motivo para revisar diversificación y exposición a divisas, no para reaccionar a titulares.
El 20 de enero de 2017 Donald Trump tomó posesión como presidente de Estados Unidos. Su programa incluía promesas de rebajas fiscales, de inversión en infraestructuras y de proteccionismo comercial. Las bolsas estadounidenses llevaban semanas subiendo con esas expectativas, de modo que el acto de investidura llegó con los mercados ya muy pendientes de lo que el nuevo Gobierno pudiera concretar en sus primeros meses.
Un cambio de presidente en la primera economía del mundo importa fuera de sus fronteras. Sus decisiones sobre impuestos, gasto y comercio influyen en el crecimiento, en el valor del dólar y en las condiciones en que se comercia y se invierte en todo el planeta. Para empresarios y familias con negocios, clientes o patrimonio vinculados a Estados Unidos, la cuestión era qué parte de las promesas llegaría a ser realidad.
Expectativas ya en precio
Los mercados no esperan a que se apliquen las medidas: descuentan lo que creen que va a suceder. Por eso, cuando un presidente cumple lo prometido, el efecto puede estar ya reflejado en las cotizaciones, y cuando no lo hace, la corrección puede ser brusca. Las subidas de las semanas anteriores eran un reflejo de esa anticipación y no de medidas que todavía no se habían aprobado.
Esta mecánica explica por qué los movimientos de los mercados alrededor de un acontecimiento político no siempre coinciden con su importancia real. Una noticia esperada puede pasar casi inadvertida, y un detalle inesperado puede provocar una reacción desproporcionada. Por eso resulta tan arriesgado tomar decisiones de inversión a partir de un titular concreto: lo que se ve en el precio es la diferencia entre lo esperado y lo ocurrido. Con esa lógica, la prudencia no consiste en adivinar el próximo movimiento, sino en no depender de que acierte una sola predicción.
Qué hay detrás de las promesas
Una rebaja fiscal y más gasto en infraestructuras estimulan la actividad, pero pueden aumentar el déficit público, lo que a su vez condiciona la deuda y los tipos de interés. El proteccionismo, en cambio, tiende a encarecer el comercio y a generar incertidumbre para las empresas que exportan o que dependen de cadenas de suministro internacionales. Son efectos que pueden ir en direcciones distintas.
Además, convertir una promesa electoral en una norma exige pasar por el Congreso, negociar y tomar decisiones sobre prioridades y calendario. Entre lo prometido y lo aplicado suele haber diferencias, y esas diferencias importan más que el discurso. Para quien sigue la evolución económica, conviene fijarse en las medidas efectivamente aprobadas y en su impacto práctico, más que en los anuncios. La distancia entre el anuncio y la ley publicada puede ser larga, y en ese intervalo conviene evitar decisiones irreversibles.
Una mirada de largo plazo
Para quien tiene patrimonio o una empresa con actividad exterior, el cambio de ciclo político es un motivo para revisar la diversificación y la exposición a divisas, no para reaccionar a los titulares. Conviene comprobar qué parte de los ingresos, de los gastos o de los activos depende del dólar o de la economía estadounidense, y si esa concentración sigue siendo coherente con los objetivos de cada cual. Ese ejercicio, hecho con calma y por escrito, suele revelar dependencias que pasan desapercibidas en el día a día.
Las decisiones de inversión deben responder a objetivos y plazos propios, y no a la agenda de un Gobierno extranjero. Un plan bien definido, con un nivel de riesgo asumible y revisado con un asesor, resulta mucho más sólido que cualquier intento de adivinar qué medida llegará y cuándo. Este texto es información general y no una recomendación de inversión.
Los programas políticos pesan menos que la disciplina de un plan bien definido.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


