El 3 de mayo de 2024 Puig debutó en las bolsas de Barcelona, Madrid, Bilbao y Valencia a 24,50 euros por acción, con un valor de unos 13.900 millones de euros. Qué cambia para una empresa familiar al cotizar.

El viernes 3 de mayo de 2024 empezó a cotizar Puig Brands, la compañía barcelonesa de belleza premium que reúne marcas como Carolina Herrera, Paco Rabanne, Jean Paul Gaultier, Charlotte Tilbury y Byredo. Las acciones debutaron en las bolsas de Barcelona, Madrid, Bilbao y Valencia con el código PUIG, y Marc Puig, presidente y consejero delegado, hizo sonar la campana en el parqué de Barcelona. Es la mayor salida a bolsa en España desde 2015 y la mayor de Europa en lo que iba de 2024.
Las cifras de la operación
El precio quedó en 24,50 euros por acción, el techo de la horquilla de 22 a 24,50 euros que se había fijado en abril. Con ese precio, la compañía vale unos 13.920 millones de euros. Según la propia empresa, la demanda superó varias veces la oferta, sobre todo la de inversores institucionales, españoles e internacionales.
La oferta base sumó 2.610 millones de euros. De ellos, unos 1.250 millones correspondieron a 51 millones de acciones nuevas, que van a la caja de la empresa, y unos 1.360 millones a 55,5 millones de acciones que vendió Puig, S. L., la sociedad de la familia. A eso se sumaba una opción de sobreasignación de hasta 390 millones, que permite a los bancos colocar hasta un 15 % más si hay demanda y que elevaba la operación máxima a 3.000 millones. La compañía explicó que destinaría los fondos a fines corporativos generales, entre ellos refinanciar la compra de participaciones adicionales en Byredo y Charlotte Tilbury.
En la primera sesión, las crónicas coinciden en que la acción subió durante las primeras horas, pero terminó la jornada cerca del precio de salida. Es un recordatorio útil: el precio de una oferta lo fijan los inversores el día de la colocación, y desde ese momento se mueve en cada sesión, tanto hacia arriba como hacia abajo.
Cómo conserva el control la familia
Lo que cotiza son acciones de clase B, con un voto cada una. La familia Puig, a través de Puig, S. L., mantiene las de clase A, que tienen cinco votos cada una y no cotizan. Suponiendo que la opción de sobreasignación se ejerza por completo, la familia conservará el 71,7 % de los derechos económicos y el 92,5 % de los derechos de voto. Es decir, la empresa recibe capital y la familia obtiene liquidez, pero quien decide sigue siendo la familia.
Además, la compañía y la familia vendedora se comprometieron a no vender más acciones durante 180 días desde la admisión a cotización, y los consejeros y directivos, durante 180 o 365 días según los casos. Estos compromisos, conocidos como lock-up, son habituales y buscan dar estabilidad al valor en los primeros meses.
Qué significa para una empresa familiar
Para una empresa familiar, cotizar no es solo una operación financiera: cambia la forma de gobernar. Una sociedad cotizada tiene que publicar resultados con regularidad, comunicar a la CNMV los hechos relevantes, contar con consejeros independientes y rendir cuentas ante accionistas que no pertenecen a la familia. Son obligaciones permanentes, no un trámite del día del debut. El caso de Puig muestra además que existen fórmulas intermedias. Con dos clases de acciones, una familia puede abrir parte del capital sin ceder el control y ofrecer liquidez a los familiares que la deseen. La contrapartida es que el valor de lo que se conserva queda expuesto al mercado cada día.
Quien dirige una empresa familiar y se plantea un paso así debería revisar antes cuestiones que no dependen de los mercados: el protocolo familiar, el reparto de votos y de derechos económicos entre las ramas, la política de dividendos, la valoración de la empresa y la fiscalidad que tendría la venta de acciones para los socios. Si le afecta, consulte con su asesor cómo aplicarlo.
Cotizar abre la puerta al capital y, a cambio, obliga a rendir cuentas con regularidad.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


