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Trump y Xi acuerdan en Osaka una tregua comercial

Por Pearson SpecterFecha del hecho: lunes, 1 de julio de 20194 min de lecturaImágenes

El 29 de junio de 2019, en el G20 de Osaka, Trump y Xi pactaron retomar las negociaciones y no imponer nuevos aranceles por ahora. Qué cambia, qué sigue igual y qué supone para las empresas que comercian con China o con EE. UU.

Donald Trump y Xi Jinping se reunieron el sábado 29 de junio de 2019 en Osaka, al margen de la cumbre del G20, durante unos 80 minutos, según medios chinos. Al terminar, ambos Gobiernos anunciaron que retoman las negociaciones comerciales, interrumpidas desde mayo, y que Estados Unidos no aplicará por ahora nuevos aranceles. Trump dijo que las conversaciones vuelven a estar encarriladas.

Las conversaciones se habían roto en mayo, en medio de una subida de los aranceles estadounidenses sobre 200.000 millones de dólares de productos chinos. Pekín respondió elevando los suyos sobre 60.000 millones de dólares de productos de EE. UU., elaboró una lista de empresas extranjeras consideradas no fiables y amenazó con restringir las exportaciones de tierras raras. Trump y Xi habían hablado por teléfono el 18 de junio y acordaron verse en Osaka.

Qué se acordó

Según la agencia china Xinhua, los presidentes acordaron reiniciar las consultas comerciales sobre la base de la igualdad y el respeto mutuo. Trump precisó que los aranceles que había amenazado con imponer sobre otros 300.000 millones de dólares de importaciones chinas no seguirán adelante por ahora. Los ya existentes se mantienen mientras se negocia: Estados Unidos aplica un 25 % a unos 250.000 millones de dólares de productos chinos, y China ha respondido con aranceles sobre unos 110.000 millones de productos estadounidenses.

Trump añadió que China comprará más productos agrícolas, pero ni él ni el Ministerio de Exteriores chino concretaron cifras: Pekín se limitó a decir que los negociadores abordarán los asuntos específicos. Las compras agrícolas importan porque los aranceles de represalia de Pekín se centraron en esos productos y golpearon a los agricultores del interior de EE. UU.

El otro punto sensible fue Huawei, el fabricante chino que Washington incluyó en su lista negra comercial en mayo, lo que en la práctica impedía a las empresas estadounidenses venderle. Trump dijo que podrán hacerlo «donde no haya un problema de seguridad nacional», pero no retiró a la compañía de la lista y señaló que el asunto se dejará para el final de la negociación.

Qué significa para las empresas

La tregua evita, por ahora, que los aranceles lleguen a una nueva lista de productos, pero no devuelve los costes que ya pagan quienes importan desde China o exportan a ese mercado. Para las empresas españolas con cadenas de suministro o clientes en ambos países, el efecto puede ser sobre todo indirecto: el precio de los componentes, los plazos de entrega y las decisiones de inversión de sus clientes.

Como no se concretaron cifras y el acuerdo es solo una pausa, conviene preparar los dos escenarios: que las conversaciones avancen o que los aranceles vuelvan a subir. En la práctica, eso pasa por saber de dónde procede cada componente, qué cláusulas de revisión de precios incluyen los contratos y qué margen deja el tipo de cambio. También ayuda hablar con proveedores y clientes clave sobre cómo repartirían un posible aumento de costes.

Una pausa frágil

Es la segunda tregua en siete meses. La primera, pactada el 1 de diciembre de 2018 en el G20 de Buenos Aires, fijó una pausa de 90 días que no acabó en un acuerdo y desembocó en la subida de aranceles de mayo. Estados Unidos acusa a China de apropiarse de tecnología y de presionar a empresas extranjeras para que cedan secretos comerciales, algo que Pekín niega, y esos reproches siguen sin resolverse.

Una tregua frena la escalada, pero no resuelve el conflicto que la causó.

Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.

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