Estallan los ataques contra Irán

Claves
  • El cierre de Ormuz puso en jaque una de las rutas energéticas más importantes del planeta y encareció de golpe el petróleo y el gas.
  • Empezaba la mayor crisis energética desde 2022: un choque de oferta que ningún banco central puede resolver con tipos de interés.
  • La energía más cara traslada una nueva ola de inflación a familias y empresas, y los presupuestos necesitan margen.

El 28 de febrero de 2026 Estados Unidos e Israel lanzaron un ataque coordinado contra Irán en el que murió el líder supremo, Alí Jamenei. Irán respondió con misiles contra Israel y contra bases en el Golfo, y cerró el estrecho de Ormuz al tráfico comercial. Detrás de todo conflicto armado hay víctimas y familias, y conviene tenerlo presente antes de hablar de mercados.

Más allá de lo humano y de lo político, que exceden el alcance de estas líneas, el episodio importa porque afecta a una de las arterias de la economía mundial. Cuando se interrumpe el flujo de energía, el efecto se siente en el precio de los carburantes, de la electricidad, del transporte y, con el tiempo, de casi todo lo que se produce y se consume. Por eso las crisis de este tipo se siguen con tanta atención incluso desde lugares muy alejados del conflicto.

Por qué importa Ormuz

Por Ormuz pasa alrededor de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado del mundo. Cuando un paso tan estrecho se cierra, el efecto no se limita a la región: se traslada a los precios de la energía, a los fletes y a la planificación de cualquier empresa que consuma o transporte combustible. Cuanto más depende un negocio de la energía, directa o indirectamente, más expuesto está a lo que ocurra en un lugar tan lejano.

La razón es que existen pocas alternativas. Los petroleros y los metaneros no pueden sustituir de un día para otro una ruta por la que circula un volumen tan grande, y los seguros marítimos suelen encarecerse o retirar su cobertura en zonas de conflicto. El resultado es que la energía tarda más en llegar, cuesta más y deja a los compradores compitiendo por las cargas disponibles. Y ese encarecimiento llega, antes o después, al consumidor final.

Una crisis de oferta

Empezaba la mayor crisis energética desde 2022. Las crisis de oferta son especialmente incómodas porque no se resuelven con política monetaria: dependen de factores militares y diplomáticos que ningún banco central controla y que los mercados tienen que valorar con muy poca información.

Conviene distinguir entre un choque de demanda y uno de oferta. Los tipos de interés actúan sobre la demanda, enfriándola o calentándola; pero cuando lo que falla es la oferta, los precios suben y la actividad se resiente a la vez, y las herramientas habituales sirven poco. Eso explica por qué estas crisis generan tanta incertidumbre y por qué los mercados reaccionan con oscilaciones tan amplias. Para quien planifica, la conclusión práctica es que ningún pronóstico sustituye a un presupuesto con holgura.

Inflación y presupuestos

Con la energía más cara llegaba también una nueva ola de inflación. Para las familias, eso significa facturas y precios de consumo más altos; para las empresas, costes que o bien se trasladan a los clientes o bien se absorben en el margen, con la presión consiguiente sobre la liquidez. Cuanto más pesa la energía en el negocio, más rápido se nota. Un transportista o una industria intensiva en energía lo percibe casi de inmediato; un despacho o una tienda lo hará a través de proveedores y suministros.

Es el momento de revisar los contratos de energía, de entender cómo se fija el precio en cada uno y de comprobar si existen opciones de precio fijo o de cobertura. También de construir el presupuesto con escenarios, no con una sola cifra, y de evitar decisiones precipitadas movidas por el titular del día. La calma en la planificación es hoy una ventaja competitiva. Conviene, además, hablar con el banco antes de necesitarlo, para saber con qué líneas de liquidez se cuenta si la tesorería se tensa.

La geopolítica rara vez avisa, y los presupuestos deben tener margen para cuando no lo hace.

Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.

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