- El 4 de julio Trump firmó la «One Big Beautiful Bill»: prorroga las rebajas fiscales de 2017 y recorta programas sociales.
- Aumenta el déficit previsto para la próxima década.
- Más deuda estadounidense presiona al alza los tipos a largo plazo, con efecto también fuera de EE. UU.
El 4 de julio de 2025, Donald Trump firmó la llamada «One Big Beautiful Bill», una ley fiscal de gran alcance que prorrogaba las rebajas fiscales aprobadas en 2017, recortaba programas sociales y aumentaba el déficit previsto para la próxima década. Se trata de una de las piezas legislativas más importantes de su mandato, con efectos sobre empresas, hogares y finanzas públicas.
Una ley fiscal de este tamaño no solo importa en Estados Unidos. La política de impuestos y de gasto de la mayor economía del mundo influye en los tipos de interés globales, en el valor del dólar y en el apetito de los inversores por la deuda de otros países. Por eso conviene entender sus rasgos principales, aunque la actividad propia no esté directamente ligada a ese mercado. Muchas empresas españolas no venden en Estados Unidos, pero los tipos a largo plazo de las grandes economías se influyen entre sí, de modo que lo que ocurre allí acaba llegando de algún modo aquí.
Qué recoge la ley
La ley prorrogaba las rebajas fiscales de 2017, que de otro modo habrían expirado, y recortaba programas sociales. Al mantener menos impuestos sin compensarlo por completo con menos gasto, aumentaba el déficit previsto para la próxima década.
El déficit es la diferencia entre lo que el Estado gasta y lo que ingresa en un año, y se financia emitiendo deuda. Cuando las previsiones apuntan a déficits mayores durante una década, significa que el Estado deberá emitir más bonos y que el total de la deuda crecerá. Ese es el mecanismo que explica el interés de los mercados por una ley que, a primera vista, parece puramente doméstica. No es el único factor: también pesan las previsiones de inflación, las decisiones de los bancos centrales y la demanda de bonos.
Deuda y tipos a largo plazo
Más deuda estadounidense significaba presión al alza sobre los tipos a largo plazo. Cuando un Estado emite más bonos, los inversores pueden exigir más rentabilidad para comprarlos, y esos tipos acaban influyendo en el coste de las hipotecas, de los préstamos y de la financiación de las empresas, también fuera de Estados Unidos.
Los tipos de la deuda estadounidense funcionan como referencia para muchos otros activos. Si suben, se encarecen los créditos en dólares y, por contagio, los de otras monedas. Eso no ocurre de forma automática ni uniforme, pero es una de las razones por las que quien se financia a largo plazo, en cualquier país, observa con atención lo que ocurre con el presupuesto de Washington. No hace falta ser experto para seguir la idea: cuanto más debe pedir prestado un Estado grande, más atención recibe el precio al que lo consigue.
Una cuestión recurrente
Para inversores globales, la sostenibilidad fiscal de Estados Unidos se convertía en un tema recurrente. Las familias y empresas con activos o deudas denominadas en dólares pueden tener interés en seguir estas decisiones, sin que ello implique actuar a corto plazo, sino entender el entorno en el que se mueven.
Una práctica razonable es saber cuánta exposición real se tiene al dólar, tanto en el activo (inversiones, cobros) como en el pasivo (deudas, pagos), y revisarla con un asesor de forma periódica. Entender el contexto fiscal ayuda a poner en perspectiva los titulares, pero no sustituye una planificación financiera propia, hecha con calma y adaptada a cada situación. Lo importante es no tomar decisiones por un único titular, sino integrar esta información en una visión de conjunto.
La política fiscal de una gran economía es también la política financiera de todos.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


