- El 9 de abril Trump suspendió durante 90 días los aranceles recíprocos más altos, salvo para China.
- Con China, la escalada llevó los gravámenes por encima del 100 %.
- La lección es no tener que vender en un mal momento: liquidez, deuda prudente y un plan definido de antemano.
Tras varios días de fuertes caídas en bolsas y bonos, el 9 de abril de 2025 Donald Trump suspendió durante 90 días los aranceles recíprocos más altos, salvo para China. Con este país, la escalada de medidas llevó los gravámenes por encima del 100 %. El anuncio llegó después de varios días de nerviosismo extremo en los mercados y marcó un giro inesperado en la secuencia iniciada con el «Día de la Liberación». Quienes habían seguido las caídas con inquietud vieron cómo, en pocas horas, el clima cambiaba por completo.
Para muchos inversores y empresarios, fueron días difíciles de seguir: la información cambiaba cada pocas horas y las decisiones, tanto políticas como financieras, parecían tomarse con una rapidez poco habitual. Conviene recordar que un episodio de este tipo ofrece menos señales sobre el futuro que lecciones sobre cómo estar preparado para escenarios de alta volatilidad. La volatilidad no es un fallo del sistema, sino una característica que se manifiesta con más fuerza en algunos momentos, y la mejor respuesta a ella es la preparación, no la reacción.
Caídas en bolsas y bonos
Los días previos fueron de ventas intensas, tanto en acciones como en deuda pública, un tipo de movimiento poco habitual porque los bonos suelen comportarse como refugio. Eso dio a los mercados un tono de nerviosismo especial hasta que llegó el anuncio de la pausa.
Cuando acciones y bonos caen a la vez, las carteras que se creían diversificadas se resienten más de lo esperado. No significa que la diversificación haya dejado de servir, pero sí que sus límites pueden hacerse visibles en los momentos de más tensión. Conviene conocer cómo se comporta cada parte de una cartera en situaciones extremas, y no solo en las normales. Una pregunta útil es qué parte del patrimonio podría necesitarse a corto plazo y si esa parte está protegida de las oscilaciones.
Una recuperación en horas
El mercado recuperó buena parte de lo perdido en horas. La suspensión se limitaba a 90 días y no alcanzaba a China, con la que los gravámenes superaban el 100 %, pero bastó para calmar el pánico inmediato y mostrar lo rápido que pueden cambiar las cosas.
Quien vendió en el punto más bajo materializó una pérdida que, de haber esperado, habría podido ser menor. Pero tampoco es una regla general: nadie sabe de antemano cuándo se producirá el giro. Por eso la clave no está en adivinar el momento, sino en no depender de tener que decidir justo entonces, algo que se consigue con una planificación previa. Quien tiene un horizonte largo y no necesita el dinero a corto plazo puede, por definición, soportar mejor esas oscilaciones.
La lección de la semana
La semana fue una lección sobre el coste de vender en pánico, y sobre la importancia de no tener que vender en un mal momento. Disponer de liquidez suficiente, no endeudarse más de lo prudente y tener un plan definido de antemano ayuda a no tomar decisiones irreversibles bajo presión.
Un plan sencillo puede incluir un fondo de reserva para imprevistos, un calendario de revisión de la cartera y unos criterios claros sobre cuándo y por qué se modificaría. También ayuda hablar de ello con un asesor en calma, con los mercados tranquilos. Nada de lo dicho es una recomendación de comprar o vender un activo concreto: es una invitación a prepararse. Cada persona debe adaptarlo a su situación, con la ayuda de un asesor.
En los momentos de pánico, el mayor activo es no estar obligado a actuar.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


