- Desde el 2 de febrero de 2025 se aplican las primeras normas del Reglamento europeo de inteligencia artificial.
- Quedan prohibidas prácticas como el reconocimiento de emociones en el trabajo o la puntuación social con trato desfavorable.
- Las empresas deben procurar una alfabetización en IA suficiente de las personas que usan estos sistemas.
El 2 de febrero de 2025 empezaron a aplicarse los dos primeros capítulos del Reglamento (UE) 2024/1689, el Reglamento de Inteligencia Artificial: las disposiciones generales y la lista de prácticas prohibidas. Dos días después, el 4 de febrero, la Comisión Europea publicó sus directrices sobre esas prácticas, un documento no vinculante que explica cómo interpretar cada supuesto, y este jueves 6 ha completado el paquete con otras directrices sobre qué se entiende por «sistema de IA».
El reglamento entró en vigor el 1 de agosto de 2024, pero se aplica por fases, y lo que arranca ahora es lo más tajante: aquello que no puede hacerse en ningún caso. Para una empresa que ya usa herramientas de inteligencia artificial en selección de personal, atención al cliente o análisis de datos, es el momento de comprobar que ninguna cae en esa lista y de dejar constancia de cómo se ha comprobado. Muchas organizaciones usan IA sin haberlo decidido formalmente, a través de funciones incorporadas en programas de oficina o de recursos humanos, y eso también cuenta.
Qué queda prohibido
El reglamento prohíbe un conjunto de usos de la inteligencia artificial por considerarlos incompatibles con los derechos fundamentales. Entre ellos figuran las técnicas subliminales o manipuladoras que perjudican a las personas, la puntuación social que provoca un trato desfavorable injustificado, el reconocimiento de emociones en el lugar de trabajo y en los centros educativos, y la identificación biométrica remota en tiempo real en espacios públicos, esta última con excepciones.
Las directrices de la Comisión añaden ejemplos para cada categoría, pero no son vinculantes: la interpretación última corresponde al Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Aun así, serán la referencia práctica de empresas y autoridades. Un uso que parece inocuo, como el seguimiento de las emociones de la plantilla mediante cámaras o voz, puede caer de lleno en la prohibición, salvo en supuestos muy concretos de salud o seguridad.
Formación obligatoria
Desde esa misma fecha se aplica también la obligación de alfabetización en IA: quienes desarrollan o utilizan sistemas de inteligencia artificial deben procurar que su personal tenga un nivel suficiente de conocimientos, adaptado a su función y al contexto de uso. No exige una titulación concreta, pero sí que la empresa pueda explicar qué ha hecho para que sus equipos entiendan lo que manejan. Dejar por escrito el plan formativo y quién lo ha recibido facilita demostrarlo ante cualquier requerimiento.
En la práctica, supone saber qué herramientas utiliza cada área, qué datos manejan y qué riesgos presentan, y ofrecer una formación proporcionada. En una pyme puede bastar una sesión interna y unas normas de uso claras; en una empresa que integra la IA en decisiones sobre personas o clientes, probablemente hará falta algo más sistemático y documentado.
Sanciones y calendario
El régimen sancionador no empezará a aplicarse hasta agosto de 2025. Las multas por incumplir las prohibiciones pueden alcanzar los 35 millones de euros o el 7 % del volumen de negocios mundial anual, la cifra que resulte mayor. Hasta entonces, la aplicación efectiva depende de que cada Estado miembro designe a sus autoridades competentes, algo que el propio reglamento sitúa en esa misma fecha. Esa fecha importa porque es cuando podrán exigirse responsabilidades, pero la obligación material ya existe desde ahora.
El resto de obligaciones llegará después: las normas para los modelos de IA de uso general en agosto de 2025 y, con carácter general, el reglamento será plenamente aplicable en agosto de 2026. Conviene aprovechar el margen para hacer un inventario de las herramientas de IA en uso, clasificarlas según su riesgo, revisar los contratos con los proveedores y documentar las decisiones. Consulte con su asesor cómo aplicarlo a su caso.
Usar inteligencia artificial seguirá siendo posible; hacerlo sin saber qué se usa, ya no.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


