- El 14 de mayo Estados Unidos anunció un arancel del 100 % a los vehículos eléctricos chinos, y subidas sobre baterías, semiconductores y paneles solares.
- Europa preparaba sus propios aranceles: el comercio mundial se fragmentaba en bloques y la cadena de suministro pasaba a ser también una decisión geopolítica.
- Conviene saber de qué países proceden los componentes, qué dicen los contratos sobre precio y costes aduaneros y qué alternativas existen.
El 14 de mayo de 2024, Estados Unidos anunció un arancel del 100 % a los vehículos eléctricos chinos, además de subidas de aranceles sobre baterías, semiconductores y paneles solares. Europa preparaba, por su parte, sus propios aranceles. La medida intensificaba la guerra comercial entre las dos mayores economías del mundo y apuntaba a sectores considerados estratégicos. Que se aplique a coches, baterías, chips y paneles no es casual: son los productos sobre los que se están construyendo buena parte de las industrias del futuro.
Aunque la decisión se tomara en Washington, sus efectos no se quedan en Estados Unidos ni en China. Cuando las dos grandes economías endurecen sus condiciones, los productos desviados, las represalias y la reorganización de las cadenas de suministro acaban llegando a empresas de todo el mundo, incluidas las que compran o venden en Europa y las que dependen de componentes procedentes de Asia. Por eso conviene seguir estas decisiones aunque la empresa no venda ni un solo producto en Estados Unidos.
Qué es un arancel
Un arancel es un impuesto que se paga al importar un producto y lo encarece frente al fabricado en el propio país. Su objetivo habitual es proteger a los productores nacionales, aunque también puede usarse como herramienta de presión política o comercial. Quien paga el arancel es, en primera instancia, el importador, y el coste puede acabar trasladado, en todo o en parte, al precio final. Un arancel alto puede hacer inviable la venta de un producto extranjero o empujar a su fabricante a buscar otros mercados.
Estados Unidos lo fijó en el 100 % para los vehículos eléctricos chinos y lo subió también en baterías, semiconductores y paneles solares. Son productos que forman parte de la transición energética y de la industria tecnológica, de modo que la decisión afecta a sectores con mucho peso inversor y con cadenas de suministro muy internacionalizadas. Cualquier modificación se nota en cadena, desde el fabricante del componente hasta el cliente que compra el producto terminado.
Un comercio en bloques
El comercio mundial se fragmentaba en bloques. Europa preparaba sus propios aranceles, de modo que las empresas que compran o venden a ambos lados veían cómo la cadena de suministro pasaba a ser también una decisión geopolítica, no solo una cuestión de precio y de calidad. Elegir un proveedor ya no es solo una decisión de compras, sino también de riesgo político.
En un mundo así, comprar a un proveedor barato situado en un país concreto puede dejar de ser una buena idea si las reglas cambian. Las empresas se ven obligadas a evaluar no solo cuánto cuesta un componente hoy, sino cuánto podría costar dentro de un año con nuevos aranceles, y qué margen tienen para trasladar ese coste a sus clientes sin perder competitividad. Esa incertidumbre dificulta la planificación y favorece a las empresas con cadenas más flexibles.
Qué conviene revisar
Conviene saber de qué países proceden los componentes y los productos, no solo qué proveedor los vende. Un fabricante europeo puede depender, a través de sus proveedores, de piezas que cruzan una frontera sujeta a aranceles, y esa dependencia solo se ve cuando se pide la información de origen a toda la cadena.
También conviene revisar qué cláusulas de precio y de reparto de costes aduaneros figuran en los contratos: quién paga si cambian los aranceles, si el precio se puede ajustar y con qué plazo. Y valorar qué alternativas de proveedores o de mercados existen si las reglas cambian de nuevo, porque una cadena con una única opción tiene menos margen para reaccionar. Las alternativas rara vez se improvisan: calificar a un nuevo proveedor lleva tiempo y exige pruebas, de modo que conviene empezar antes de que sea urgente.
Las cadenas de suministro ya no se diseñan solo por precio.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


