El yen cae a mínimos desde 1990

Claves
  • A finales de abril el yen cayó a su nivel más bajo frente al dólar desde 1990, y el 29 de abril las autoridades japonesas intervinieron en el mercado.
  • Una moneda débil favorece a los exportadores japoneses, pero encarece lo que el país importa.
  • Quien tiene ingresos, deudas o activos en otra divisa debería revisar cómo le afecta el tipo de cambio.

A finales de abril de 2024, el yen se depreció hasta su nivel más bajo frente al dólar desde 1990. El 29 de abril, las autoridades japonesas intervinieron en el mercado para frenar la caída. Que una de las grandes monedas del mundo llegue a un mínimo de más de tres décadas, y que su propio gobierno tenga que actuar, es una señal que merece atención más allá de Japón.

Para un lector en Barcelona, el yen puede parecer una moneda ajena, pero las divisas son una pieza silenciosa de casi toda decisión económica: el precio de un viaje, el coste de una importación, el valor de una inversión en el extranjero o la cuota de un préstamo en una moneda distinta de la de los ingresos. Entender qué ocurrió ayuda a pensar con más claridad sobre el propio riesgo de cambio.

Un yen muy barato

Un yen muy barato abarató los viajes y los productos japoneses para quien compra con otras divisas. Con la misma cantidad de euros o de dólares se podía comprar más en Japón, algo que los visitantes extranjeros notan enseguida en los hoteles, los restaurantes o las compras. Para el turismo y para ciertos exportadores de bienes de consumo, es un viento a favor.

Para los exportadores japoneses, una moneda débil mejora la competitividad: cuando venden en dólares o en euros y convierten esos ingresos a yenes, obtienen más. Pero encarece lo que el país importa, como la energía y muchas materias primas, y eso se traslada a los precios que pagan las empresas y las familias japonesas. Una moneda débil no es, por tanto, una ventaja sin coste. Los consumidores japoneses, que pagan más por la energía y los alimentos importados, lo notan en el presupuesto de cada mes.

Intervención y riesgo oculto

Intervenir en el mercado significa que las autoridades compran su propia moneda para frenar la caída. Es una herramienta que se usa de forma excepcional, porque su eficacia depende de los recursos disponibles y de que el mercado considere que la medida tiene continuidad. Puede frenar una caída brusca, pero rara vez cambia por sí sola la tendencia de fondo. Por eso las intervenciones suelen interpretarse más como un aviso a los especuladores que como una solución definitiva.

Pero el yen barato ocultaba un riesgo: la financiación en yenes de muchas inversiones. Mientras la moneda se mantiene débil y estable, pedir prestado en ella resulta atractivo. Ese riesgo estallaría en agosto. Es un ejemplo de cómo una situación cómoda puede esconder una fragilidad que solo se ve cuando cambia el contexto, y por eso conviene preguntarse de qué depende aquello que hoy parece funcionar sin esfuerzo.

La divisa importa

Quien tiene ingresos, deudas o activos en una moneda distinta de la suya debería ser consciente de cómo le afectan los movimientos del tipo de cambio. Una empresa que cobra en dólares y paga sus gastos en euros, una familia con un préstamo en otra divisa o un inversor con activos extranjeros están expuestos, sin importar si lo han buscado o no. La exposición a una divisa no depende de que uno viaje o invierta fuera: basta con que un proveedor, un cliente o un contrato estén vinculados a ella.

Conviene revisar qué parte del patrimonio o del negocio depende de divisas extranjeras y qué ocurriría con un movimiento brusco del cambio. Hay formas de reducir ese riesgo, desde ajustar la moneda de los contratos hasta cubrirlo con instrumentos financieros, pero todas tienen un coste y requieren entender bien lo que se contrata. Es una conversación útil con el asesor, antes de que el tipo de cambio la imponga. Y conviene hacerlo con calma, cuando la divisa se mueve poco, no cuando ya hay prisa.

Un tipo de cambio tranquilo no es una garantía, solo una circunstancia.

Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.

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