Cae Silicon Valley Bank

Claves
  • El 10 de marzo los reguladores cerraron Silicon Valley Bank tras una retirada masiva de depósitos; dos días después cayó Signature Bank.
  • El banco había invertido en bonos que perdieron valor con la subida de tipos, y esa pérdida se materializó al tener que venderlos.
  • La lección de tesorería: no concentrar todo en una entidad y conocer qué parte de los depósitos está garantizada.

El 10 de marzo de 2023 los reguladores estadounidenses cerraron Silicon Valley Bank tras una retirada masiva de depósitos. Era la mayor quiebra bancaria en Estados Unidos desde 2008. El banco había invertido en bonos que perdieron valor con la subida de tipos, y dos días después, el 12 de marzo, cayó también Signature Bank.

El episodio sacudió los mercados y recordó una verdad incómoda: la banca vive de la confianza de sus clientes. Cuando muchos depositantes quieren retirar su dinero a la vez, ni siquiera una entidad con activos de buena calidad puede atender todas las peticiones de inmediato. De ahí que lo ocurrido en California se siguiera con inquietud en todo el mundo. Para muchas empresas, la cuestión dejó de ser teórica: de pronto había que saber si los fondos depositados estaban accesibles, en qué plazo y con qué garantías, y quién podía autorizar los pagos.

Cómo se llegó hasta ahí

Cuando los tipos suben, los bonos ya emitidos pierden valor de mercado, porque los nuevos ofrecen una rentabilidad mayor. Mientras un banco mantiene esos bonos hasta su vencimiento, la pérdida es solo contable. Pero si debe venderlos antes porque los clientes retiran su dinero, esa pérdida se materializa y reduce su capital.

La retirada masiva de depósitos precipitó el cierre de la entidad por parte de los reguladores. Una vez que los clientes empiezan a dudar, la propia retirada alimenta el problema: cada persona que saca su dinero hace más difícil que los demás puedan hacerlo, y la velocidad de las comunicaciones y de las transferencias digitales acelera el proceso. En el sistema bancario, ese riesgo se gestiona mediante requisitos de capital y de liquidez, y mediante la supervisión de los reguladores, pero ninguna regla elimina por completo la posibilidad de que un episodio de desconfianza se extienda con rapidez.

Víctimas inesperadas

La subida de tipos tenía víctimas inesperadas. Aquellas dos caídas mostraron que el riesgo no estaba solo en los créditos concedidos, sino también en la cartera de bonos y en la rapidez con que los depositantes podían retirar su dinero. El sistema bancario en su conjunto no estaba en el mismo punto que en 2008, pero la similitud en los titulares bastó para reabrir debates que parecían cerrados.

El episodio recordó que la confianza es la base del negocio bancario y que los riesgos pueden aparecer en lugares poco visibles, como la gestión de los bonos que una entidad tiene en su balance. Para los clientes, la lección práctica no es desconfiar de los bancos, sino entender cómo funcionan y qué protecciones existen. Las empresas con clientes concentrados en un sector, como ocurría con esta entidad, son más vulnerables a este tipo de movimientos, porque sus depositantes tienden a reaccionar de manera parecida y casi a la vez ante una misma noticia.

Qué conviene hacer con la tesorería

Para una empresa, la lección fue sencilla: no concentrar toda la tesorería en una sola entidad y conocer qué parte de los depósitos está garantizada. Los sistemas de garantía de depósitos protegen hasta un límite por titular y entidad, y lo que supera ese límite depende de la solvencia del banco.

Conviene también tener claras las líneas de crédito disponibles, quién puede firmar y con qué límites, y cómo se pagarían nóminas y proveedores si una cuenta quedara bloqueada unos días. Un buen plan de tesorería incluye una segunda entidad con operativa real, y no solo una cuenta abierta que nunca se usa. Cuando se tiene una sola entidad, además, conviene saber qué ocurriría con las domiciliaciones, las nóminas y los pagos a proveedores si el acceso a las cuentas se interrumpiera durante unos días, y tener previsto cómo mantener la actividad esos días.

Repartir la tesorería no es desconfiar: es dejar de depender de una única puerta.

Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.

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