Un año de guerra en Ucrania

Claves
  • El 24 de febrero se cumplió un año de la invasión rusa de Ucrania; Europa pasó el invierno sin cortes de suministro.
  • El gas bajó con fuerza desde sus máximos, pero la adaptación fue rápida y cara: nuevas fuentes, ahorro y precios más altos.
  • Las empresas que diversificaron proveedores y contratos salieron más fuertes: la resiliencia se prepara antes.

El 24 de febrero de 2023 se cumplió un año de la invasión rusa de Ucrania, una guerra cuyo coste humano está por encima de cualquier cálculo económico. En el plano económico, y contra los peores pronósticos, Europa había pasado el invierno sin cortes de suministro y el precio del gas había bajado mucho desde sus máximos.

Un año antes, la pregunta que se hacían gobiernos, industrias y familias era si habría energía suficiente para atravesar los meses fríos. La respuesta, al menos para ese primer invierno, fue favorable, y ese resultado ofrece una ocasión para repasar qué se hizo bien, qué costó y qué enseñanzas dejó para cualquier empresa que dependa de la energía. Para quienes dirigen una empresa, el aniversario es también una ocasión para preguntarse qué decisiones tomadas durante la crisis siguen teniendo sentido y cuáles respondían a una emergencia que ya ha pasado.

Un invierno mejor de lo temido

Un año antes, el gran temor era quedarse sin gas para calentar hogares e industrias. No ocurrió, y el alivio benefició sobre todo a las empresas más dependientes de la energía, como las industrias intensivas en consumo o las que tienen procesos que no admiten interrupciones, que dejaron de afrontar el riesgo de tener que parar la producción.

Que el peor escenario no se materializara no significa que el riesgo fuera imaginario. Fue el resultado de decisiones concretas y de un esfuerzo colectivo que se tradujo en menos consumo y en nuevos suministros. Conviene tenerlo presente al valorar el futuro: lo que evitó el desastre fue la respuesta, no la ausencia del peligro. También influyeron factores que no dependen de la voluntad de nadie, como las condiciones del invierno, y que tampoco conviene dar por repetibles.

Una adaptación rápida pero cara

La adaptación fue rápida pero cara: nuevas fuentes de gas, ahorro y precios más altos. Sustituir un suministrador que cubría una parte muy importante de la demanda exige buscar otros proveedores, otras rutas y otras infraestructuras, y todo ello tiene un coste que acaba repartiéndose entre quienes consumen energía.

Esa factura la pagaron empresas y hogares, y no desapareció cuando el gas bajó: parte de los costes se había trasladado ya a los precios de otros bienes y servicios. Por eso la inflación no remite al mismo ritmo que el precio de la energía, y por eso muchos negocios siguieron notando presión en sus costes, aun cuando la factura energética ya había aliviado. Algunas empresas reorganizaron procesos para consumir menos energía y otras renegociaron contratos con nuevos proveedores. Esas decisiones cuestan dinero y tiempo, pero dejan una estructura más flexible que puede resultar útil en el futuro.

Qué aprendieron las empresas

Las empresas que diversificaron proveedores y contratos salieron más fuertes. Depender de un único proveedor, de un único país o de un único tipo de contrato de energía concentra el riesgo: cuando falla ese eslabón, no hay alternativa. Tener varias fuentes, o al menos varias opciones de contratación, da margen para reaccionar.

Conviene revisar periódicamente cómo está estructurado el suministro, qué parte del coste energético está a precio fijo y cuál a precio de mercado, y qué margen deja ante una nueva sacudida. También es útil medir cuánta energía consume cada proceso: lo que no se mide no se puede reducir, y el ahorro es la vía más rápida y barata para ganar resistencia. Un plan sencillo de contingencia energética, con las prioridades de consumo, las alternativas disponibles y las personas responsables de decidir, es un documento barato de elaborar y muy valioso el día que hace falta.

La resiliencia no se improvisa cuando llega la crisis: se prepara antes.

Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.

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