- La tasa general se modera, pero la subyacente, sin energía ni alimentos frescos, marca un máximo desde 1992.
- Los alimentos son ya el principal foco de presión sobre el presupuesto de las familias.
- Contratos, rentas y ahorro deben mirarse en términos reales, descontando la subida de precios.
El Instituto Nacional de Estadística confirmó el 13 de enero de 2023 que el índice de precios de consumo subió un 5,7 % en diciembre de 2022 sobre un año antes, más de un punto menos que en noviembre. El índice armonizado, el que se usa para comparar con Europa, quedó en el 5,5 %. Aun así, la inflación subyacente, que excluye energía y alimentos no elaborados, subió siete décimas hasta el 7,0 %, su cota más alta desde noviembre de 1992.
La lectura de fondo es que el golpe de la energía se atenúa mientras el aumento de precios se extiende a otros bienes y servicios. Para empresarios y familias, esto cambia el centro de gravedad: ya no se trata solo de la factura de la luz o del combustible, sino de cómo se trasladan los costes a los precios, a los salarios y a los contratos de todo el año. La diferencia entre el dato general y el subyacente es, en ese sentido, la que más conviene vigilar a lo largo de 2023.
Qué ha bajado y qué no
La moderación de diciembre procede sobre todo de la vivienda, cuyo capítulo bajó un 4,5 % en tasa anual por el comportamiento de la electricidad y del gasóleo de calefacción, y del transporte, con una tasa del 3,3 % por el abaratamiento de los carburantes. En sentido contrario, el vestido y calzado y las bebidas alcohólicas y el tabaco aportaron presión.
El dato más sensible fue el de los alimentos y bebidas no alcohólicas, con una subida anual del 15,7 %, la más alta desde que existe la serie en 1994, por la leche, el queso, los huevos, los aceites y la carne. Es un gasto difícil de recortar y que pesa más en los hogares con menos margen. El máximo de la inflación general se había alcanzado en julio, con un 10,8 %. En el mes, el índice general subió un 0,2 % y la bajada de los carburantes restó 0,663 puntos al resultado.
Por qué importa la subyacente
La inflación subyacente mide la parte más persistente de los precios, la que no depende de las oscilaciones del petróleo, el gas o las cosechas. Cuando sube, suele indicar que los costes de producción se están repercutiendo en bienes y servicios de forma amplia, y los bancos centrales la siguen de cerca para decidir sus tipos de interés. En diciembre la subyacente superó a la general en más de un punto, una brecha que indica que la presión no desaparece cuando bajan los carburantes.
Un nivel del 7 % sugiere que la desaceleración será más lenta de lo que apunta el dato general. Para quienes fijan precios o negocian salarios, esto significa que los cálculos de partida pueden quedarse cortos si se basan en la tasa del 5,7 % sin atender a la tendencia de fondo.
Qué conviene revisar
Las empresas pueden revisar las cláusulas de actualización de precios en contratos con clientes y proveedores, la política de tarifas y los márgenes de los productos más expuestos a la subida de alimentos o de suministros. En el ámbito laboral, es un buen momento para entender cómo afecta la inflación a la negociación de convenios y de retribuciones. Las que se financian a crédito pueden revisar también sus costes, porque los tipos de interés suben a la vez que los precios.
Las familias pueden comprobar qué rentabilidad real obtienen sus depósitos y ahorros una vez descontada la inflación, cómo se actualizan rentas y pensiones alimenticias, y si el presupuesto doméstico ha tenido en cuenta el aumento de la cesta de la compra. Es información general, no una recomendación individual: su asesor puede ayudarle a valorar su caso.
Una inflación que baja en el titular puede seguir siendo incómoda en la cesta de la compra.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


