China abandona la política de «covid cero»

Claves
  • El 7 de diciembre China anunció una relajación profunda de sus restricciones sanitarias, tras protestas en varias ciudades.
  • En pocas semanas desmanteló la política de «covid cero», que había supuesto casi tres años de cierres y controles estrictos.
  • La reapertura puede aliviar cadenas de suministro y reactivar la demanda, pero también presionar de nuevo los precios de la energía y de las materias primas.

El 7 de diciembre de 2022 China anunció una relajación profunda de sus restricciones sanitarias, tras protestas en varias ciudades. En pocas semanas desmanteló por completo la política de «covid cero». Fue un cambio de rumbo rápido, después de casi tres años en los que el país había aplicado cierres y controles estrictos, y que tuvo un enorme impacto para la población y para la actividad económica. Las consecuencias sanitarias y humanas de ese cambio quedan fuera del alcance de esta nota, que se centra en los efectos económicos.

Para la economía mundial, la decisión era relevante por el tamaño del país y por su peso en las cadenas de suministro y en la demanda de materias primas. Las empresas que compran o venden en China, o que dependen de componentes fabricados allí, siguieron la reapertura con atención, tanto por las oportunidades como por los riesgos. Entender los dos lados del cambio permite preparar mejor las decisiones de los próximos meses. Durante un tiempo, las decisiones tendrían que tomarse con información incompleta sobre el ritmo real de la recuperación.

El fin de casi tres años

La política de «covid cero» había supuesto casi tres años de cierres y controles estrictos. El cambio llegó tras protestas en varias ciudades, y en pocas semanas el país pasó de aplicar las restricciones más duras a desmantelarlas por completo.

Un cambio tan abrupto tiene sus propios efectos: la reapertura rápida de una economía de ese tamaño suele producir irregularidades en la actividad, en el empleo y en la producción mientras se normaliza. Para quien depende de proveedores chinos, la transición puede traer tanto mejoras como interrupciones temporales, de modo que conviene mantener contacto directo con ellos y no dar por hecho un regreso inmediato a la normalidad. La experiencia de otros países tras la reapertura sugiere que la normalización no es lineal, y conviene tenerlo presente al planificar entregas y compras.

Cadenas de suministro y demanda

La reapertura de la segunda economía del mundo prometía reactivar las cadenas de suministro y la demanda. Para las empresas que compran en China, la normalización de las fábricas y los puertos podía aliviar retrasos, y para las que venden allí, la reactivación del consumo podía abrir nuevas oportunidades. La reapertura no deshace al instante los retrasos acumulados: hay que absorber la carga pendiente.

Estas oportunidades no son automáticas ni iguales para todos. Dependen del sector, de la competencia local y de la capacidad de cada empresa para adaptarse a un mercado muy exigente. Quien venda en China necesita entender sus canales de distribución, sus normas y sus hábitos de consumo, y valorar el riesgo de depender demasiado de un solo mercado, por grande que sea. Una empresa que quiera vender en China debería valorar si cuenta con socios locales, con cumplimiento normativo y con una estrategia de largo plazo.

Presión sobre precios y energía

La reapertura también podía presionar de nuevo los precios de la energía y las materias primas, porque una economía grande que recupera actividad consume más. Conviene vigilar cómo afecta ese posible aumento de demanda a los costes de las materias primas y la energía propia, y mantener flexibilidad en las compras y los plazos.

Una forma prudente de abordar la incertidumbre es combinar contratos a plazo para una parte de las necesidades con compras más flexibles para el resto, de manera que no se dependa por completo de un solo escenario. También conviene revisar las cláusulas de revisión de precios con proveedores y clientes. Una reapertura exitosa es una buena noticia global, pero sus efectos sobre los costes pueden notarse en la factura. Esa flexibilidad tiene un coste, pero evita quedar atrapado en un precio fijo si el mercado se mueve en contra.

Una buena noticia para el comercio mundial puede traer su propio coste.

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