- El 23 de mayo la presidenta del BCE, Christine Lagarde, escribió que los tipos negativos podrían terminar al final del tercer trimestre.
- Tras ocho años de tipos negativos, el dinero volvería a tener precio en la eurozona.
- Cambiaba el coste de las hipotecas, la rentabilidad de los depósitos y el valor de la deuda: hay que recalcular lo decidido con tipos cero.
El 23 de mayo de 2022 la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, escribió que los tipos negativos podrían terminar al final del tercer trimestre. Tras ocho años, el dinero volvería a tener precio en la eurozona. El anuncio ponía fecha, al menos de forma orientativa, a una situación que muchos ciudadanos y empresas habían llegado a considerar normal. La referencia al tercer trimestre daba un horizonte temporal razonable para que empresas y familias empezaran a prepararse.
Quien ha empezado a trabajar, a ahorrar o a endeudarse en los últimos años ha conocido casi siempre un entorno de tipos muy bajos o negativos. Salir de ahí cambia los supuestos con los que se tomaron muchas decisiones: la hipoteca, la inversión, el plan de pensiones o el préstamo del negocio. Entender qué significa el fin de los tipos negativos es el primer paso para revisar esas decisiones con calma.
Qué significaba un tipo negativo
Un tipo de interés negativo implica que los bancos pagan por depositar dinero en el banco central. Se aplicó como medida excepcional para estimular el crédito y la actividad, y con el tiempo condicionó el precio del dinero en toda la economía, desde las hipotecas hasta los depósitos.
La idea era empujar a los bancos a prestar en lugar de guardar el dinero, y mantener bajo el coste de la financiación para empresas y familias. El efecto secundario fue que el ahorro bancario dejó de producir rendimiento y que algunas decisiones de inversión se tomaron con una referencia de rentabilidad distorsionada. Al normalizarse, esa distorsión se corrige, pero lo hace con un proceso que no siempre es cómodo. Quienes llevan años sin conocer otra cosa pueden subestimar el cambio, y ese es precisamente uno de los riesgos: tomar como normal lo que fue una situación excepcional.
Qué cambiaba
El fin de los tipos negativos cambiaba muchas cosas: el coste de las hipotecas, la rentabilidad de los depósitos y el valor de la deuda. Los préstamos tenderían a encarecerse, el ahorro bancario volvería a remunerarse algo más y el valor de los bonos ya emitidos se ajustaría al nuevo escenario.
Para un ahorrador, pasar de rentabilidad nula a una algo positiva es una buena noticia, aunque no necesariamente supere la inflación. Para un deudor a tipo variable, es un aviso de que la cuota puede subir. Y para quien tiene deuda emitida, o la tiene en su cartera, el valor de mercado se reajusta. Cada persona está en una posición distinta, y por eso la lectura no puede ser genérica. Los efectos no llegan todos a la vez: los depósitos pueden tardar en reflejar el cambio, mientras que las hipotecas variables lo hacen en la siguiente revisión del índice.
Revisar lo decidido con tipos cero
Era momento de revisar todo lo que se había decidido con tipos cero. Una hipoteca variable contratada en esas condiciones, una inversión financiada con deuda barata o un plan de ahorro que daba por hecho una rentabilidad mínima pueden necesitar un nuevo cálculo con la perspectiva del dinero con precio.
Un buen ejercicio es repasar cada compromiso financiero y preguntarse qué pasaría si el tipo de referencia fuera dos o tres puntos más alto que el de hace un año. Si la respuesta resulta incómoda, hay margen para actuar con tiempo: renegociar, amortizar, diversificar o simplemente reservar una parte del ahorro. Un asesor puede ayudar a priorizar según la situación de cada familia o empresa. Tener claro el orden de prioridades, qué deuda es más cara, cuál vence antes y cuál admite mejor un cambio, facilita decidir sin urgencia.
Ocho años de normalidad pueden parecer un hecho de la naturaleza, pero era una anomalía.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


