- El 10 de junio la OCDE publicó previsiones con dos escenarios, según hubiera o no una segunda ola de la epidemia.
- En ambos, España figuraba entre las economías más castigadas por el peso del turismo y los servicios.
- Lo mismo vale para un patrimonio: cuanto más concentrado en un solo sector, más le afecta lo que le pase a ese sector.
El 10 de junio de 2020 la OCDE publicó unas previsiones con dos escenarios, según hubiera o no una segunda ola de la epidemia. En ambos, España figuraba entre las economías más castigadas, por el peso que en ella tienen el turismo y los servicios. La noticia confirmaba que el impacto de la crisis no sería igual para todos los países, y que la estructura productiva marcaba la diferencia. Una economía con un peso grande de actividades presenciales y de movilidad es más vulnerable cuando ambas se restringen.
Para quienes dirigen empresas o gestionan patrimonios en España, el mensaje tenía una doble lectura. Por un lado, un diagnóstico duro de la situación del país en su conjunto; por otro, una invitación a mirar con más atención cuánto depende cada negocio y cada patrimonio del sector que más sufría. Conocer la propia exposición es el primer paso para gestionarla. Y también la oportunidad de plantearse qué cambios convienen antes de que la situación apriete.
Dos escenarios
La OCDE, organización que reúne a las economías avanzadas, publicó una previsión con dos caminos posibles: uno en el que no hubiera segunda ola de la epidemia y otro en el que sí. Presentar dos escenarios es una forma honesta de reconocer que el futuro depende de factores que nadie controla.
Esta forma de presentar las previsiones es también una enseñanza útil para cualquier empresa. En lugar de apostar por una única cifra, se plantean rangos y se explica de qué dependen. Quien planifica de esta manera sabe qué señales debe vigilar y qué decisiones tomaría si la situación fuera mejor o peor de lo esperado, lo que reduce el riesgo de reaccionar tarde o de forma desordenada. Además, deja claro que una previsión no es un compromiso, sino una forma de ordenar las hipótesis.
Por qué España sufría más
El peso del turismo y los servicios explica esa posición: son actividades que dependen del contacto directo y de la movilidad, justo lo que más restringió la epidemia. La estructura de una economía determina cómo le afecta cada crisis.
El turismo y los servicios no solo generan ingresos directos: sostienen una larga cadena de actividades, como el transporte, el comercio, la hostelería, el ocio y buena parte del empleo de muchas ciudades. Cuando la movilidad se restringe, toda esa cadena se resiente a la vez, y las empresas que la integran tienen pocas formas de compensarlo desde dentro. Esa interdependencia es la que explica la dureza del golpe. Para una empresa de esos sectores, el reto era resistir hasta que la movilidad volviera; para el resto, entender cómo se transmitía el golpe a través de los clientes y proveedores.
La lección para un patrimonio
Lo mismo vale para un patrimonio familiar: cuanto más concentrado en un solo sector, más le afecta lo que le pase a ese sector. Una familia cuya riqueza está toda en un negocio, en inmuebles de un mismo tipo o en acciones de un mismo sector lo siente con más fuerza. Repartir el riesgo entre actividades que no se mueven igual es la base de la prudencia.
Un ejercicio útil es hacer un mapa del patrimonio: cuánto está en el negocio, cuánto en inmuebles, cuánto en productos financieros y cuánto en liquidez, y de qué sector, país o actividad depende cada parte. Con ese mapa, el asesor puede ayudar a detectar concentraciones no deseadas y a plantear alternativas de forma gradual, sin decisiones precipitadas y respetando los objetivos y el horizonte de cada familia. Diversificar no significa renunciar a lo que se conoce bien, sino evitar que todo dependa de un único resultado.
Concentrar es cómodo cuando va bien; diversificar es lo que protege cuando no.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


