- El 24 de mayo Theresa May anunció su dimisión como líder conservadora tras no lograr aprobar su acuerdo del Brexit.
- Se abría un proceso de sucesión y con él la posibilidad de un cambio de rumbo en la estrategia de salida.
- Mientras cambian los protagonistas, el riesgo para el negocio sigue igual: conviene mantener actualizados los escenarios y los contratos.
El 24 de mayo de 2019 Theresa May anunció su dimisión como líder del Partido Conservador, después de no haber logrado que el Parlamento aprobara el acuerdo de salida de la Unión Europea que ella misma había negociado. Su marcha como líder abría un proceso para elegir sucesor y, con él, un periodo en el que el rumbo del Brexit volvía a quedar en el aire. La dimisión llegaba tras un largo periodo de desgaste, y dejaba abierta la pregunta de cuánto tardaría en haber un nuevo liderazgo y qué haría con el acuerdo.
Para quienes siguen la política británica, el anuncio cerraba una etapa marcada por el desgaste. Para las empresas con intereses en el Reino Unido, tenía una lectura más práctica: el interlocutor que había negociado el acuerdo desaparecía del escenario, y la estrategia de salida podía cambiar según quién ganara la sucesión. En una negociación de este calibre, un cambio de liderazgo no es un detalle administrativo. Para quienes seguían el proceso desde fuera del Reino Unido, el cambio era un recordatorio de que el calendario del Brexit dependía de decisiones políticas internas difíciles de prever.
El final de una etapa
May había negociado un acuerdo de salida con la Unión Europea que el Parlamento británico rechazó en varias ocasiones. Ese rechazo repetido era el reflejo de una división profunda, tanto entre partidos como dentro del propio partido gobernante, sobre cómo debía producirse la salida y qué relación debía mantener el país con sus vecinos europeos.
Su dimisión como líder del partido abría un proceso de sucesión y, con él, la posibilidad de un cambio de rumbo en la estrategia del Brexit. Mientras no se conociera quién ocuparía el cargo, resultaba imposible saber si se mantendría la vía negociada o si se endurecería la posición. Esa interinidad se sumaba a la incertidumbre que ya arrastraban las empresas desde hacía meses. Prever tres o cuatro escenarios, con una estimación aproximada de su impacto, es más útil que apostar por uno solo y quedarse sin alternativa si no se cumple.
Qué podía cambiar
Un nuevo liderazgo podía mantener el acuerdo negociado, intentar renegociarlo o endurecer la posición. Cada una de esas vías tenía consecuencias distintas para el comercio, las aduanas, las personas y los servicios, y ninguna se podía descartar todavía. Lo único razonablemente seguro era que el calendario volvería a depender de decisiones políticas aún por tomar.
Para quien tenía negocio o intereses entre el Reino Unido y la UE, cada una de esas vías significaba un escenario distinto. Una empresa que exporta, importa o tiene filiales en el Reino Unido debería haber construido, a estas alturas, un mapa de cómo le afectaría cada posibilidad, aunque sea con cifras aproximadas, para saber qué decisiones son urgentes y cuáles pueden esperar. Aunque cada negocio es distinto, conviene establecer qué señales concretas, como una votación, un acuerdo o un cambio normativo, harían activar cada plan.
Seguir preparado
En paralelo al debate político, la gestión de una empresa debe seguir su curso. No se puede detener la actividad hasta saber cómo termina el proceso. Lo que sí se puede es ordenar la información: qué contratos tienen elementos transfronterizos, qué cobros y pagos están en libras, qué proveedores se verían afectados por cambios aduaneros y qué plazos tiene cada compromiso.
Conviene repasar periódicamente los contratos con elementos transfronterizos, vigilar la exposición a la libra y mantener actualizada la lista de decisiones que dependen de cómo termine el proceso. Esa lista permite actuar con rapidez cuando llegue una señal clara, y evita que la atención a los titulares sustituya al trabajo de preparación.
El ruido político cambia de protagonistas, pero el riesgo para el negocio sigue siendo el mismo.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


