- El 29 de mayo la prima de riesgo italiana se disparó ante la formación de un Gobierno populista y las dudas sobre su compromiso con el euro.
- La tensión contagió a la deuda española durante unos días.
- Conviene tener la financiación ordenada y los vencimientos escalonados, sin depender de una renovación en un momento concreto.
El 29 de mayo de 2018, la prima de riesgo italiana se disparó ante la formación de un Gobierno populista y las dudas sobre su compromiso con el euro. La tensión contagió a la deuda española durante unos días. Fue un episodio breve, pero suficiente para recordar que la estabilidad de la moneda común depende en parte de la confianza que inspira cada uno de sus miembros. Una moneda compartida exige, por definición, cierta disciplina compartida.
A primera vista, un movimiento en los mercados de deuda italianos parece ajeno a un empresario catalán o a una familia que paga su hipoteca. Sin embargo, la zona euro funciona como un conjunto: lo que ocurre en una de sus grandes economías afecta al coste del dinero, a la percepción de riesgo y a las decisiones de los inversores en toda la región. Entender el mecanismo ayuda a leer mejor las noticias. Y permite distinguir entre el ruido de un día y los cambios que de verdad exigen reaccionar.
Qué es la prima de riesgo
La prima de riesgo es la diferencia entre lo que paga un país por endeudarse y lo que paga el país de referencia, normalmente Alemania. Cuando sube, significa que los inversores exigen más rentabilidad por prestar a ese país, es decir, perciben más riesgo.
Se suele medir en puntos básicos y se compara día a día. Un aumento brusco indica un cambio de humor en los mercados: los inversores dudan de que el país vaya a cumplir sus compromisos o de que las reglas del juego se mantengan. Por eso la prima reacciona con rapidez a las noticias políticas, a los datos de déficit o a las declaraciones de los dirigentes que hablan de cambiar el marco de la moneda común. Basta con que se abra la duda para que los inversores pidan más rentabilidad.
Un contagio pasajero
La desconfianza hacia Italia salpicó a España, porque los inversores tienden a agrupar a economías con características parecidas. Fue un episodio breve, pero recordó que la deuda de la zona euro sigue siendo sensible a las dudas políticas de cualquiera de sus miembros.
El contagio funciona por analogía: si un país con problemas de deuda y de gobernabilidad inquieta, los inversores se preguntan qué otros países podrían encontrarse en situaciones similares y aplican una cautela general. No siempre está justificado, y por eso los episodios suelen ser pasajeros cuando la situación del segundo país es sólida. Pero mientras dura, el efecto sobre los costes de financiación puede ser real. Y se transmite, con retraso, a las condiciones que ofrecen los bancos a empresas y familias.
Por qué importa a las empresas
El coste de la deuda pública influye en el de la financiación privada. Para empresarios y familias con préstamos a tipo variable o con necesidad de refinanciar, estos episodios son un recordatorio de que conviene tener la financiación ordenada y los vencimientos escalonados, y no depender de una renovación en un momento concreto. Una empresa sólida puede verse afectada por factores ajenos a ella, y conviene estar preparada para ello.
Una forma práctica de reducir la exposición es repartir las fuentes de financiación entre más de una entidad, evitar que varios préstamos importantes venzan a la vez y mantener una reserva de liquidez para atender imprevistos. Anticiparse a una renovación, en lugar de hacerlo cuando el plazo se agota, da más margen para negociar y menos probabilidad de aceptar condiciones desfavorables por falta de alternativas. Es preferible negociar desde la tranquilidad que desde la urgencia.
La estabilidad financiera se construye antes de las turbulencias, no durante ellas.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


