- El 20 de septiembre la Reserva Federal anunció que en octubre empezaría a reducir el balance acumulado desde la crisis de 2008.
- Lo hará dejando de reinvertir parte de los bonos que venzan, una retirada gradual y previsible del estímulo.
- Quien tenga financiación a largo plazo o planifique una inversión en dólares debería prever costes de financiación más altos.
El 20 de septiembre de 2017 la Reserva Federal anunció que en octubre empezaría a reducir el balance acumulado desde la crisis de 2008, dejando de reinvertir parte de los bonos que vencían. Era un paso largamente anticipado, pero también un hito: la primera vez que el banco central de Estados Unidos iniciaba el camino inverso al de las compras masivas de bonos que había llevado a cabo durante la crisis. Que se hiciera con tanto preaviso es una muestra de la prudencia con que los bancos centrales manejan estos cambios.
El anuncio se presentó con un calendario muy gradual y con la promesa de que sería predecible. Aun así, su importancia es considerable, porque cambia el entorno de financiación del mundo entero. Los tipos de interés en dólares sirven de referencia para muchos préstamos, bonos y contratos internacionales, y cualquier cambio en la política de la Fed acaba reflejándose en el coste del dinero lejos de Estados Unidos. Por eso las decisiones de la Fed concernían también a quienes nunca habían operado en dólares.
Cómo se reduce un balance
Durante la crisis, la Fed compró grandes cantidades de bonos para inyectar liquidez y sostener la economía. Ahora, en lugar de vender esos bonos, deja que vayan venciendo sin reinvertir el dinero recibido. Así retira estímulo de forma gradual y previsible. Es un método menos brusco que vender los activos en el mercado, que podría provocar movimientos bruscos en los precios.
Un bono es una deuda que se devuelve en una fecha determinada. Cuando un bono que el banco central tiene en su balance vence, el emisor devuelve el dinero y, si el banco no compra un bono nuevo con él, el balance disminuye. Al hacerlo de forma escalonada y sin sorpresas, la Fed intenta que los mercados absorban el cambio sin perturbaciones, aunque nadie puede garantizar cómo reaccionarán. Esa incertidumbre es la razón por la que se procede despacio y con preaviso.
Qué efecto puede tener
Con menos compras, hay menos demanda de bonos, lo que tiende a presionar al alza los tipos de interés a largo plazo. Es una forma indirecta de endurecer las condiciones financieras, que se suma a las subidas de los tipos oficiales de los últimos meses. Para los países y las empresas endeudados, un entorno de tipos más altos significa pagar más por financiarse.
El efecto exacto es difícil de prever, porque depende de muchos factores: del crecimiento, de la inflación, de lo que hagan otros bancos centrales y de cómo interpreten los mercados cada paso. Lo razonable no es apostar por un resultado concreto, sino asumir que el rumbo es el de un dinero algo menos abundante y algo más caro, y comprobar que los planes propios soportan ese escenario. La ausencia de sorpresas en el anuncio no significa ausencia de efectos con el tiempo.
Qué conviene vigilar
Quien tenga financiación a largo plazo o planifique una inversión importante en dólares debería prever escenarios con costes de financiación más altos. En general, comprobar que un plan resiste tipos superiores a los actuales es una medida prudente. Un ejercicio útil consiste en recalcular las cuotas o los intereses con unos puntos más y ver si el presupuesto sigue siendo viable sin tensiones.
También es buen momento para revisar el calendario de vencimientos de las deudas, la proporción de tipo fijo y variable y la dependencia de una sola fuente de financiación. Un asesor puede ayudar a valorar alternativas, como fijar tipos o diversificar acreedores. Este texto es información general y no una recomendación de inversión; cada caso exige una evaluación propia.
El fin del dinero extraordinariamente barato obliga a recalcular planes que se hicieron en otro entorno.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


