- Bruselas mejora en medio punto su previsión de crecimiento para España en 2017 y la sitúa por encima de la del Gobierno.
- Aun así, prevé un déficit público algo superior al objetivo pactado con la Unión Europea, tanto en 2017 como en 2018.
- Las previsiones son estimaciones, no certezas: sirven para contrastar supuestos de presupuestos y planes, no para decidir por sí solas.
El 11 de mayo de 2017 la Comisión Europea publicó sus previsiones económicas de primavera. Para España, elevó el crecimiento del PIB de 2017 hasta el 2,8 %, desde el 2,3 % que preveía en febrero, y proyectó un 2,4 % para 2018. La mejora se atribuye al buen comportamiento de la actividad en el primer trimestre. La cifra supera la del Gobierno español, que estimaba un 2,7 %.
Las cifras no son una buena noticia sin matices. La Comisión calcula un déficit público del 3,2 % del PIB en 2017, una décima por encima del objetivo pactado con la UE, del 3,1 %, y del 2,6 % en 2018, frente al 2,2 % fijado. Prevé además que la deuda pública se sitúe en el 98,4 % del PIB y que la tasa de paro baje al 17,4 % este año.
Qué es una previsión y qué no
La Comisión publica sus previsiones varias veces al año, con un calendario de invierno, primavera y otoño, y las elabora con los datos disponibles y suponiendo que las políticas actuales no cambian. Por eso no son una predicción del futuro sino un escenario de referencia, que se revisa con frecuencia. Una mejora de medio punto en tres meses muestra precisamente lo cambiante que puede ser la estimación.
Las previsiones también se comparan entre sí. La del Gobierno, la de Bruselas, la del Banco de España y la de otros analistas difieren en las décimas, y esas diferencias reflejan supuestos distintos sobre el consumo, el empleo, las exportaciones o el precio del petróleo. Más que fijarse en una sola cifra, conviene entender qué supuestos hay detrás y cuáles pueden cambiar.
El déficit y la deuda
España estaba sometida a un procedimiento europeo por déficit excesivo, con el compromiso de situarse por debajo del 3 % del PIB en 2018. Que Bruselas prevea un déficit del 3,2 % en 2017 significa que, con las políticas actuales, el ajuste pactado no se cumpliría del todo este año. No implica por sí mismo una sanción, pero mantiene la presión para ajustar ingresos y gastos.
Con una deuda pública cercana al 100 % del PIB, el margen de maniobra de las cuentas públicas es limitado. Para las empresas y las familias, eso puede traducirse, según las decisiones que se adopten, en cambios en impuestos, en gasto público o en contratación pública. Seguir esa discusión ayuda a anticipar el entorno fiscal en el que se moverán los negocios en los próximos años.
Qué conviene revisar
Las empresas pueden usar la previsión como uno de los elementos para contrastar sus planes: ¿el presupuesto del año supone un crecimiento de la demanda mayor o menor que el que prevén los organismos? ¿Qué ocurre con el negocio si el crecimiento es un punto inferior? Plantear escenarios alternativos es más útil que fiarse de una sola cifra, por optimista o pesimista que sea. Un buen ejercicio es fijar un escenario central, uno prudente y otro favorable, y comprobar que el negocio sobrevive al prudente.
Para las familias y los inversores, el mensaje es parecido: una previsión favorable no garantiza resultados y una desfavorable tampoco los condena. Las decisiones patrimoniales, de endeudamiento o de inversión deben ajustarse a la situación y los objetivos de cada persona, con su asesor. Esto es información general y no una recomendación de inversión.
Una previsión sirve para contrastar supuestos, no para sustituirlos.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


