- El 7 de julio Trump empezó a enviar cartas a sus socios con los aranceles que aplicaría desde agosto.
- El día 8 anunció un arancel del 50 % al cobre, materia esencial para la electrificación y los centros de datos.
- Diversificar proveedores es tan importante como negociar precio: quien depende de uno solo depende de una decisión ajena.
El 7 de julio de 2025, Donald Trump empezó a enviar cartas a sus socios comerciales para informarles de los aranceles que Estados Unidos aplicaría desde agosto. El 8 de julio anunció además un arancel del 50 % al cobre. Eran dos decisiones distintas, pero que apuntaban en la misma dirección: más medidas unilaterales, con plazos cortos y con menos espacio para la negociación previa.
Para las empresas que comercian con Estados Unidos o que dependen de materias primas, el mensaje era claro: la planificación tendría que hacerse con información incompleta y con un calendario que otros marcaban. Eso hace más valiosas la flexibilidad y la diversificación, y más arriesgado depender de un único proveedor, de un único cliente o de un único mercado. No se trata de pesimismo, sino de una forma ordenada de gestionar el riesgo cuando el entorno cambia con frecuencia.
Cartas país por país
En lugar de negociar un acuerdo para cada caso, Trump optó por enviar cartas a sus socios comerciales informándoles de los aranceles que aplicaría desde agosto. Un método unilateral y rápido, que dejaba poco margen para la negociación previa y mucha incertidumbre sobre el resultado final.
Este sistema tiene la ventaja de la claridad: cada país conoce el tipo que se le aplicará y la fecha desde la que se aplicará. Pero deja pendientes preguntas importantes, como si habrá excepciones, si los tipos son definitivos o negociables y cómo responderán los destinatarios. Hasta que esas dudas se despejan, la planificación debe hacerse con escenarios y con cierto margen. Una carta es una señal clara de intenciones, pero conviene esperar a ver el texto definitivo y su fecha de aplicación antes de dar nada por cerrado.
El cobre y las materias primas
El 8 de julio se anunció un arancel del 50 % al cobre. El cobre es esencial para la electrificación y los centros de datos: está presente en cables, redes eléctricas y equipos electrónicos, de modo que un cambio en su coste repercute en muchos sectores a la vez.
Cuando una materia prima se grava de esta forma, los efectos se transmiten en cadena: encarece los equipos que la incorporan, afecta a proyectos de infraestructuras y puede alterar los flujos de comercio del metal entre países. Las empresas que compran cobre, directamente o en forma de componentes, pueden revisar desde ahora sus costes y sus contratos de suministro para anticiparse. También es razonable preguntar a los proveedores cómo prevén gestionar el cambio, porque su respuesta indica cuánto de él acabará en el precio final.
Diversificar proveedores
Las materias primas se convertían en armas comerciales: diversificar proveedores era tan importante como negociar precio. Para empresas con una dependencia fuerte de un material o de un origen, conviene identificar alternativas, revisar contratos de suministro y valorar cuánto del coste se puede trasladar al cliente. Conviene hacerlo producto por producto, porque la capacidad de repercutir el coste varía mucho.
Un buen ejercicio es hacer una lista de los cinco insumos o proveedores sin los cuales el negocio no funcionaría y preguntarse, para cada uno, qué alternativa existe, cuánto tardaría en activarse y cuánto costaría. No se trata de cambiar de proveedor sin motivo, sino de saber qué margen de maniobra existe si una decisión ajena altera de golpe las condiciones. Ese ejercicio, hecho con calma, resulta mucho más barato que improvisarlo cuando la presión ya ha llegado.
Quien depende de un único proveedor o de un único mercado, depende de una decisión ajena.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


