- El 30 de noviembre comenzó en Dubái la cumbre del clima COP28.
- En su primera jornada se puso en marcha el fondo de pérdidas y daños acordado un año antes, para ayudar a los países más vulnerables.
- Emiratos, entre el petróleo y la transición, refleja una dualidad que define buena parte de las inversiones en energía de la próxima década.
El 30 de noviembre de 2023 comenzó en Dubái la cumbre del clima COP28. En su primera jornada se puso en marcha el fondo de pérdidas y daños acordado un año antes, destinado a ayudar a los países más vulnerables a afrontar los efectos del cambio climático.
Las cumbres del clima reúnen cada año a gobiernos, empresas y organizaciones para negociar compromisos sobre emisiones, financiación y adaptación. Aunque sus acuerdos se plasman después en normas y decisiones nacionales, marcan la dirección general de la política energética y condicionan las expectativas de inversores, fabricantes y consumidores. Las empresas con actividad internacional siguen estas cumbres con interés, porque sus conclusiones influyen en las políticas de energía, de transporte, de industria y de finanzas de los países donde operan, y en las expectativas de clientes y accionistas.
Una cumbre con arranque rápido
La cumbre arrancó así con la activación del fondo de pérdidas y daños, un mecanismo ya acordado en la edición anterior cuya rápida puesta en marcha se interpretó como una señal positiva.
El fondo responde a una cuestión que llevaba tiempo en el centro de las negociaciones: cómo ayudar a los países que sufren las consecuencias del cambio climático sin ser, en general, los principales responsables de las emisiones. Su puesta en marcha el primer día fue una señal de que la cumbre empezaba con un acuerdo concreto, algo poco habitual. Aunque los fondos de este tipo sean un asunto principalmente entre gobiernos, indican hacia dónde se dirige la financiación climática internacional, un campo en el que cada vez participan más bancos, aseguradoras y empresas de sectores muy variados.
Un anfitrión con doble cara
Emiratos se presentaba como puente entre la economía del petróleo y la transición energética. Es un país cuya riqueza procede en gran medida de los hidrocarburos, pero que invierte también en energías renovables y en otras industrias. Esa mezcla refleja la situación de muchas economías.
La doble cara del anfitrión generó debate, pero también ilustra un hecho incómodo: la transición no consiste en dejar de utilizar energía de un día para otro, sino en cambiar gradualmente su composición, y los países y las empresas que hoy producen combustibles fósiles forman parte, para bien o para mal, de ese proceso. Una economía puede ser a la vez exportadora de hidrocarburos e inversora en energías limpias, y esa combinación no es una contradicción, sino una estrategia de diversificación que muchos países productores consideran necesaria para el futuro. Para los inversores y las empresas, esto implica que los riesgos y las oportunidades de la transición no se distribuyen de forma simple: hay ganadores y perdedores dentro de cada sector, y la diferencia suele estar en la capacidad de adaptación.
Una dualidad que marca las inversiones
Una dualidad que define buena parte de las inversiones en energía de la próxima década. Las empresas y los inversores no abandonan de golpe los modelos tradicionales ni adoptan sin matices los nuevos: conviven ambos.
Para quien tiene negocios con consumo intensivo de energía o con activos energéticos, conviene valorar cómo pueden afectarle a medio plazo los precios, las normas y las expectativas de clientes e inversores sobre la transición. Una revisión periódica con el asesor ayuda a identificar riesgos y oportunidades, y a no depender de una única hipótesis sobre cómo evolucionará la energía. Un primer paso es medir el consumo de energía de la empresa, sus emisiones y su dependencia de combustibles concretos, para poder valorar con datos qué medidas tendrían sentido y cuáles solo supondrían un coste sin un beneficio claro. También es útil seguir las exigencias de información sobre sostenibilidad que reciben las empresas de clientes, bancos y aseguradoras, porque cada vez condicionan con más frecuencia el acceso a contratos y a financiación.
La transición energética es a la vez un riesgo y una oportunidad, y gestionarla bien empieza por conocerla.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


