- Del 9 al 15 de octubre el FMI y el Banco Mundial celebraron en Marrakech sus reuniones anuales.
- El diagnóstico: crecimiento mundial lento, inflación aún por encima del objetivo y una deuda pública que preocupaba.
- Con tipos altos y crecimiento moderado, la ventaja se desplaza hacia generar caja y controlar costes, no hacia crecer a cualquier precio.
Del 9 al 15 de octubre de 2023 el FMI y el Banco Mundial celebraron en Marrakech sus reuniones anuales. El mensaje fue sobrio: crecimiento mundial lento, inflación aún por encima del objetivo y una deuda pública que preocupaba. No era un diagnóstico de crisis, pero tampoco de bonanza.
Estas reuniones reúnen cada año a ministros de Economía, gobernadores de bancos centrales y responsables de instituciones financieras de todo el mundo. Sus conclusiones no tienen efectos legales directos, pero sirven para entender el clima económico en el que van a moverse gobiernos, bancos y empresas en los meses siguientes, y por eso merecen una lectura atenta. Para una empresa mediana, el valor de un diagnóstico de este tipo está en recordar que el entorno exterior no va a facilitar el crecimiento fácil, y que la ventaja competitiva dependerá más de la gestión interna que de la marea general.
El mensaje de Marrakech
Las reuniones sirvieron para poner nombre a los tres frenos del momento: el ritmo del crecimiento mundial, la persistencia de los precios altos y el peso de la deuda pública, tanto para los gobiernos como para los mercados que la financian.
Esos tres elementos están conectados. Una inflación persistente obliga a mantener tipos altos; unos tipos altos frenan el crecimiento y encarecen el servicio de una deuda pública ya elevada; y una deuda elevada limita la capacidad de los gobiernos para reaccionar con gasto cuando la economía se enfría. Es un círculo que explica la prudencia de los diagnósticos. Los organismos internacionales también dedican espacio a los países de menor renta, para los que el encarecimiento de la deuda y de los alimentos supone presiones adicionales, y cuya situación influye en el comercio y en la estabilidad globales.
Un entorno exigente
Con tipos altos y crecimiento moderado, financiar proyectos resulta más caro y los márgenes se estrechan. En ese contexto, la ventaja competitiva se desplaza hacia la capacidad de generar caja y de mantener costes bajo control, más que hacia el crecimiento a cualquier precio.
Esto cambia la forma de evaluar las decisiones empresariales. Un proyecto que antes resultaba atractivo con financiación barata puede dejar de serlo con financiación cara, y una expansión que depende de endeudarse requiere un análisis más exigente. La pregunta ya no es solo cuánto se puede crecer, sino con qué solidez y a qué coste. Cuando financiarse cuesta más, cada euro de inversión debe justificar con mayor claridad su retorno. Eso favorece proyectos que reducen costes, mejoran la productividad o aseguran ingresos recurrentes, y penaliza los que dependen de una demanda incierta. La gestión del capital circulante, es decir, del dinero inmovilizado en existencias, en cobros pendientes y en pagos anticipados, adquiere también más importancia, porque liberar caja es una forma económica de financiar el negocio.
Reforzar el balance
Un mundo de crecimiento moderado y tipos altos premia a las empresas eficientes y poco endeudadas. Era un buen momento para reforzar balances: amortizar deuda cara, mantener una tesorería prudente, revisar los plazos de cobro y pago y asegurarse de que la estructura financiera resiste un periodo prolongado de condiciones exigentes.
Conviene hacerlo con orden, empezando por conocer con precisión qué deuda se tiene, a qué coste y con qué vencimientos. Después se pueden valorar las alternativas con el asesor financiero, desde renegociar condiciones hasta amortizar parte de la deuda con excedentes de tesorería. Una empresa saneada gana libertad de decisión cuando el entorno se complica. Un ejercicio práctico consiste en comparar el plazo medio de cobro a clientes con el plazo medio de pago a proveedores, y estudiar si hay margen para acortar el primero o alargar razonablemente el segundo sin perjudicar las relaciones comerciales. También conviene identificar las inversiones que pueden diferirse sin comprometer la competitividad, y mantener una reserva de liquidez para aprovechar oportunidades puntuales o afrontar imprevistos, sin tener que recurrir a financiación cara en el peor momento.
Una empresa saneada puede elegir cuándo invertir; una apurada, no.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


