- El 30 de marzo se conoció que la inflación de marzo había caído hasta el entorno del 3 %, al compararse con el pico de marzo de 2022.
- El efecto escalón explica la caída: el dato interanual baja aunque los precios no se hayan abaratado.
- La inflación subyacente, sin energía ni alimentos frescos, seguía alta: el titular mejoraba, pero la cesta de la compra seguía cara.
El 30 de marzo de 2023 se conoció que la inflación española de marzo había caído hasta el entorno del 3 %, al compararse con el pico de marzo de 2022. Era una cifra mucho más baja que las de los meses anteriores y, a primera vista, una excelente noticia para hogares y empresas que llevaban meses viendo cómo subía el coste de la vida.
Sin embargo, la lectura detallada del dato obligaba a matizar. La inflación subyacente, que excluye la energía y los alimentos frescos, seguía alta, y buena parte de la mejora del titular se debía a la comparación con un mes excepcional. Entender esta diferencia ayuda a no tomar decisiones de precios, de compras o de financiación basadas en una impresión demasiado optimista. Esta distinción entre el titular y el fondo del dato es especialmente útil para quien fija precios: bajar tarifas porque la inflación general se modera puede ser un error si los costes propios no han seguido la misma trayectoria.
Qué es el efecto escalón
La inflación se calcula comparando los precios con los de doce meses antes. Cuando la base de comparación es un pico, como el de marzo de 2022, el dato interanual cae con fuerza aunque los precios no se hayan abaratado: simplemente, ya no se compara con un mes tan excepcional. Es el llamado efecto escalón o efecto base.
Esto explica por qué una tasa puede bajar mucho de un mes a otro sin que haya habido una bajada real de precios. Lo que ocurre es que el escalón de la subida anterior desaparece del cálculo. Y el mismo mecanismo funciona al revés: cuando un mes de comparación fue muy bajo, la tasa puede subir sin que los precios se hayan disparado. Los institutos de estadística publican las dos medidas, la general y la subyacente, precisamente para que quien lee las cifras pueda distinguir entre variaciones pasajeras y tendencias que se consolidan en la economía.
La inflación que no cede
La inflación subyacente merece una lectura aparte, porque seguía alta. Es la que mejor indica si los aumentos de precios se han extendido al conjunto de la economía, porque deja de lado los componentes más volátiles. Cuando esta medida se mantiene alta, indica que el encarecimiento se ha instalado en los servicios, en los productos elaborados y en los salarios.
El dato general mejoraba, pero la cesta de la compra seguía cara. Para los hogares, la sensación cotidiana no cambia porque la tasa baje: los precios que ya subieron no vuelven atrás. Y para los bancos centrales, una subyacente elevada es un argumento para mantener los tipos altos durante más tiempo. Conviene recordar, por último, que cada hogar tiene su propia cesta de la compra. La inflación media puede ser distinta de la que experimenta una familia concreta, según el peso que tengan en su gasto la alimentación, la vivienda o el transporte.
Qué significa para comercios y restaurantes
Para comercios y restaurantes, los costes de producto no bajaban al ritmo del titular. Conviene mirar los costes reales de cada escandallo, no la cifra general, y renegociar con proveedores con datos en la mano. Las materias primas, la energía y los salarios evolucionan de manera distinta, y la media esconde esas diferencias.
Y antes de decidir una bajada o una subida de precios, contrastar cómo se comporta la demanda de cada cliente. Una rebaja de precios en un momento de costes todavía altos puede comprimir un margen que luego cuesta recuperar, mientras que una subida mal calibrada puede alejar a clientes que ya vigilan cada gasto.
Un titular alentador no siempre se traslada a la caja del negocio.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


