- Del 28 al 30 de junio Madrid acogió la cumbre de la OTAN; el 29 se conoció que la inflación española de junio superaba el 10 %.
- Era la primera vez con dos dígitos desde 1985, una situación nueva para buena parte de los empresarios y directivos en activo.
- Ningún presupuesto anual aguantaba sin revisión: conviene actualizar precios y contratos a tiempo para no perder margen en silencio.
Del 28 al 30 de junio de 2022 Madrid acogió la cumbre de la OTAN. El 29 de junio se conoció que la inflación española de junio superaba el 10 %, la primera vez con dos dígitos desde 1985. Las dos noticias coincidieron en el tiempo y reflejaban un contexto internacional muy marcado por la guerra en Ucrania, con consecuencias políticas, de seguridad y también económicas.
Para quien gestiona una empresa, un negocio familiar o un patrimonio, la segunda noticia era la que más se notaba en el día a día. Una inflación de dos dígitos cambia la forma de hacer cuentas: los precios que se pagaban ayer no sirven para presupuestar mañana, y lo que parecía rentable con unos costes puede dejar de serlo con otros. Es el tipo de situación en la que la rapidez para revisar las cifras marca la diferencia.
Una cifra que hacía tiempo no se veía
Que la inflación española volviera a los dos dígitos por primera vez desde 1985 era una situación nueva para buena parte de los empresarios y directivos en activo. Quien empezó a trabajar después de esa fecha nunca había gestionado un negocio en un entorno así. Esa falta de referencias propias obliga a apoyarse más en los datos y en el asesoramiento que en la intuición.
La falta de experiencia previa tiene consecuencias prácticas: muchos modelos de gestión, contratos y hábitos se construyeron con la hipótesis implícita de que los precios cambian poco. Cuando esa hipótesis falla, hay que revisar las fórmulas de cálculo, las cláusulas de actualización y los márgenes de seguridad. No se trata de alarmarse, sino de reconocer que las reglas de los años anteriores ya no se aplican sin matices.
Presupuestos que no aguantan
Con precios subiendo a ese ritmo, ningún presupuesto anual aguantaba sin revisión. Los costes de materiales, energía y personal se movían más deprisa que las previsiones, y mantener los mismos precios de venta y las mismas condiciones contractuales suponía asumir en silencio una pérdida de margen. Cuando los costes se disparan, el margen se erosiona sin que nada en las cuentas lo anuncie hasta que llega el cierre del trimestre.
Una práctica útil es sustituir el presupuesto anual rígido por previsiones que se actualizan cada trimestre, o incluso cada mes, con los costes reales del periodo anterior. Así se detectan antes las desviaciones y se decide con información reciente. Quien presupuestaba una sola vez al año y se despreocupaba hasta el cierre del ejercicio está más expuesto a sorpresas desagradables cuando los costes cambian deprisa. Una revisión mensual de márgenes por producto o servicio, con los costes más recientes, permite saber qué parte del negocio gana o pierde dinero con la inflación.
Actualizar a tiempo
Las empresas que actualizaron precios y contratos a tiempo protegieron sus márgenes; las que esperaron, los perdieron. Conviene revisar qué contratos incluyen cláusulas de actualización de precios, qué clientes aceptarían una revisión y con qué frecuencia se deben recalcular los costes para no ir siempre por detrás de la realidad. La clave está en la frecuencia: los costes que antes se revisaban una vez al año pueden requerir ahora revisiones más cortas y decisiones más ágiles.
Actualizar precios no significa necesariamente subirlos de forma indiscriminada: significa alinear lo que se cobra con lo que cuesta producir y entregar, explicarlo con claridad al cliente y negociar cuando proceda. Los contratos de larga duración a precio fijo son los más delicados, y conviene saber de antemano qué margen existe para renegociarlos. Un asesor puede ayudar a diseñar una política de precios coherente. Y conviene preparar la conversación con los clientes con datos: un aumento justificado y explicado se acepta mejor que uno inesperado.
En un entorno inflacionista, esperar también es una decisión, y suele ser la más cara.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


