- El 19 de enero el Nasdaq cerró más de un 10 % por debajo de su máximo de noviembre.
- La perspectiva de subidas de tipos castigaba a las empresas cuyo valor depende de beneficios que llegarán dentro de muchos años.
- Una cartera concentrada en un solo tipo de activo lo notó más: conviene revisar el peso de cada sector, región y activo.
El 19 de enero de 2022 el índice Nasdaq cerró más de un 10 % por debajo de su máximo de noviembre. En términos técnicos, las bolsas tecnológicas entraban en corrección tras un periodo largo de subidas. La perspectiva de subidas de tipos de interés castigaba a las empresas que más dependían de beneficios futuros, y el movimiento se notó con especial intensidad en ese segmento del mercado. Para quien tenía una parte importante de su ahorro en ese tipo de empresas, la caída no fue un dato abstracto.
El episodio importa porque llegó después de años de subidas casi continuas, en los que el riesgo parecía lejano. Una caída de este tipo no tiene por qué anticipar una crisis, pero sí recuerda a quien invierte que los precios de mercado cambian, a veces con rapidez, y que conviene tener claro de antemano qué se está dispuesto a soportar y durante cuánto tiempo. Esa conversación es mucho más fácil de tener antes de la caída que durante ella.
Qué es una corrección
En el lenguaje de los mercados, una corrección es una caída de más de un 10 % desde el último máximo. No equivale a una crisis, pero sí marca un cambio de ánimo: tras un periodo largo de subidas, los inversores empiezan a cuestionar los precios que estaban dispuestos a pagar.
Las correcciones forman parte del funcionamiento normal de los mercados. Pueden ser breves o prolongarse; a veces acaban en caídas mayores y otras veces no, y nadie puede saberlo de antemano. Lo que sí se puede hacer es entender por qué ocurren y comprobar si la cartera propia está preparada para atravesarlas sin tomar decisiones precipitadas. Para quien invierte a largo plazo, la clave suele estar más en el plan previo que en la reacción del momento.
Tipos y valoraciones
Las empresas cuyo valor descansa sobre beneficios que llegarán dentro de muchos años son las más sensibles al precio del dinero. Cuando los tipos de interés suben, esos beneficios futuros valen menos hoy, y la bolsa lo descuenta de inmediato. Tras años de subidas casi continuas, el mercado recordaba que las valoraciones dependen del precio del dinero.
Dicho de otro modo, el valor de una empresa se calcula, en buena medida, trayendo al presente los beneficios que se espera que genere. Cuanto más lejanos son esos beneficios, más pesa el tipo de interés elegido para descontarlos. Por eso las compañías de crecimiento, cuyo atractivo reside en el futuro, reaccionan más que las que ya generan beneficios estables. No significa que unas sean mejores que otras, sino que cada tipo de empresa responde de forma distinta al mismo cambio de entorno.
La concentración, un riesgo
Una cartera concentrada en un solo tipo de activo lo notó más que ninguna. Conviene revisar periódicamente cuánto pesa cada sector, cada región y cada tipo de activo, y si esa distribución sigue encajando con los objetivos y con el plazo de cada persona o familia. Una cartera que se ha ido desequilibrando con las subidas puede tener un peso en un sector mucho mayor que el que se pensó al construirla.
Revisar no significa cambiar la cartera cada vez que el mercado se mueve. Significa comprobar, con calma y con un asesor, que el reparto sigue siendo coherente con los objetivos, con la necesidad de liquidez y con el plazo, y que existe un plan por si el mercado se pone en contra durante un tiempo. Esta nota es información general y no una recomendación de inversión.
Las subidas prolongadas hacen olvidar que el riesgo no desaparece: solo se esconde.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


