La Fed acelera y el BCE pone fecha al final

Claves
  • El 15 de diciembre, la Reserva Federal duplicó el ritmo de reducción de sus compras y anticipó varias subidas de tipos en 2022.
  • Al día siguiente, el BCE anunció el fin de su programa de emergencia en marzo: misma dirección, distinto ritmo.
  • Los tipos vuelven a ser una variable de primer orden: conviene revisar la deuda a tipo variable y el margen del presupuesto.

El 15 de diciembre de 2021, la Reserva Federal duplicó el ritmo de reducción de sus compras de deuda y anticipó varias subidas de tipos en 2022. Al día siguiente, el BCE anunció el fin de su programa de emergencia en marzo. Los dos grandes bancos centrales coincidían en la dirección, aunque no en el ritmo, y daban así una señal clara de que la etapa de dinero ultrabarato llegaba a su fin. Era el momento que los mercados llevaban meses anticipando, aunque eso no impidió que tuviera efecto.

Para quienes habían construido sus decisiones financieras sobre la hipótesis de que los tipos seguirían bajos mucho tiempo, esas dos jornadas significaron un cambio de escenario. No eran decisiones aisladas, sino la confirmación de una trayectoria que se había ido insinuando desde el verano. Y, aunque las subidas concretas aún no habían llegado, el calendario ya estaba sobre la mesa. Con un calendario, planificar es más fácil que con una simple intención.

Dos decisiones en dos días

La Reserva Federal es el banco central de Estados Unidos y el BCE, el de la zona euro. Sus decisiones sobre compras de deuda y tipos de interés acaban influyendo en el coste de hipotecas, préstamos y financiación de las empresas en cualquiera de los dos lados del Atlántico.

La Fed iba más deprisa; el BCE, algo más despacio. Esa diferencia refleja que las circunstancias de cada economía no son idénticas: la inflación, el crecimiento y las prioridades de política económica difieren a ambos lados del Atlántico. Pero ambos mensajes apuntaban al mismo horizonte, el de una política monetaria menos expansiva y un dinero que dejará de ser tan barato. Cada banco central actúa según su propio mandato y sus propios datos.

El cambio de ciclo

Empezaba el cambio de ciclo. Tras años de tipos muy bajos y compras masivas de deuda, la política monetaria iba a ir endureciéndose. Para los mercados, eso supone revisar las valoraciones; para el conjunto de la economía, un coste de financiación que dejará de ser tan favorable como en los últimos años.

El fin de una era monetaria no llega de golpe, pero sí con consecuencias. Los efectos se van acumulando: los préstamos nuevos cuestan más, las hipotecas a tipo variable se encarecen a medida que los tipos de referencia suben y las inversiones que se justificaban con financiación barata deben ser reevaluadas. Quien lo prevé puede ajustarse con tiempo y evitar tensiones. Quien espera a que el cambio sea evidente suele tener menos opciones.

Los tipos, de nuevo una variable de primer orden

Para las familias con hipoteca variable y para las empresas con deuda, los tipos de interés volvían a ser una variable de primer orden. Conviene revisar cuánto de la deuda es a tipo variable, qué margen hay en el presupuesto familiar o empresarial para absorber cuotas más altas y qué alternativas ofrecen las entidades. También si los ingresos futuros crecerán al mismo ritmo que el coste de la deuda. Un asesor puede ayudar a comparar escenarios.

Un ejercicio útil consiste en simular qué ocurriría con las cuotas si el tipo de referencia subiera uno, dos o tres puntos, y comprobar si el presupuesto lo soportaría sin tensión. Si la respuesta es que no, es el momento de estudiar medidas como fijar parte del tipo, amortizar capital o reforzar la tesorería. Cada medida tiene un coste, y conviene comparar el de actuar con el de esperar. Los tipos bajos fueron una circunstancia, no una regla.

Cuando el entorno cambia de ciclo, lo prudente es revisar las cuentas antes de que lo hagan las cuotas.

Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.

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