- El 19 de mayo, bitcoin y el resto de criptoactivos sufrieron una fuerte caída.
- Detrás estaban nuevas advertencias de las autoridades chinas y dudas sobre el consumo energético de la minería.
- La volatilidad es parte del activo, en ambos sentidos: el riesgo se asume antes de invertir, no después de la caída.
El 19 de mayo de 2021, bitcoin y el resto de criptoactivos sufrieron una fuerte caída tras nuevas advertencias de las autoridades chinas y dudas sobre el consumo energético de la minería. Una decisión regulatoria y un debate sobre el impacto de la actividad bastaron para mover el mercado con rapidez, en un movimiento que borró en pocas jornadas buena parte de las ganancias de las semanas anteriores. Para quien había entrado recientemente, la caída fue una lección rápida sobre el tipo de riesgo asumido.
El episodio tuvo un doble interés. Por un lado, mostró lo sensibles que son estos activos a las noticias regulatorias, sobre todo cuando provienen de países con gran peso en el sector. Por otro, puso sobre la mesa una cuestión de fondo: el coste energético y ambiental de la minería, que preocupaba a reguladores, inversores y público en general, y que podía condicionar su futuro. Cuando un activo depende de debates de este tipo, su evolución se vuelve más difícil de prever.
Qué desencadenó la caída
De los dos motivos de la caída, la minería merece una explicación aparte. La minería es el proceso mediante el cual se validan las operaciones de estas redes con equipos informáticos que consumen mucha electricidad, y por eso el debate sobre su impacto afecta directamente al sector. Los costes de electricidad son, en esa actividad, un factor central de rentabilidad.
Los criptoactivos reaccionan con intensidad a las noticias regulatorias. Al no existir un marco único ni un respaldo institucional claro, cualquier declaración de una autoridad influyente puede alterar las expectativas en cuestión de horas. Conviene tenerlo presente: no se trata de un mercado que se mueva solo por fundamentos económicos, sino también por decisiones políticas y por el estado de ánimo de quienes participan. Por eso las reacciones pueden ser desproporcionadas en ambos sentidos.
Volatilidad en ambos sentidos
La volatilidad, en ambas direcciones, es parte del activo. Los mismos mercados que suben con rapidez pueden caer con la misma fuerza, y quien invierte debe poder soportar esas oscilaciones sin verse obligado a vender en el peor momento. La capacidad de tolerar pérdidas temporales es tan importante como la expectativa de ganancia.
El riesgo se asume antes de invertir, no después de la caída. Esto implica fijar de antemano cuánto dinero se está dispuesto a ver fluctuar y durante cuánto tiempo, y no destinar a este tipo de activos recursos que se necesitarán a corto plazo. Una familia o una empresa que cuenta con una reserva para imprevistos está mejor situada para soportar un mal momento sin tomar decisiones precipitadas. Y conviene revisar de vez en cuando que el peso de estos activos en el patrimonio sigue siendo el que se decidió.
Infraestructura y especulación
Por eso conviene separar la infraestructura (equipos, energía, operación) de la especulación sobre el precio, y explicar los riesgos antes de nada. Una actividad de minería, por ejemplo, tiene costes, contratos y riesgos operativos que pueden analizarse como los de cualquier negocio industrial, distintos de la apuesta sobre dónde irá el precio. Separar ambas cosas permite valorar cada una por separado y no mezclar un negocio con una apuesta.
Quien se plantee participar en una actividad de este tipo debería preguntarse qué parte del resultado depende de su gestión y qué parte de factores externos, como el precio del activo, el coste de la energía o la regulación. Hablar con claridad de los riesgos es la mejor forma de empezar, y un asesor independiente puede ayudar a ponerlos sobre la mesa.
Ver con claridad cada riesgo antes de comprometer recursos es el primer paso razonable.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


