- El 5 de agosto el yuan se depreció por encima de 7 por dólar y EE. UU. acusó a China de manipular su moneda.
- Las bolsas cayeron con fuerza: el conflicto ya no era solo de aranceles, sino también de divisas.
- Las empresas con cobros, pagos o costes en divisas distintas del euro deberían conocer su exposición y valorar cubrirla.
El 5 de agosto de 2019 el yuan se depreció por encima de 7 por dólar y Estados Unidos acusó a China de manipular su moneda. Las bolsas cayeron con fuerza. La cifra de 7 yuanes por dólar tenía un valor psicológico notable, porque era un nivel que los mercados llevaban tiempo observando, y su superación se interpretó como una señal de que la disputa comercial entraba en una nueva fase.
Hasta ese momento, la guerra comercial se había librado sobre todo con aranceles. A partir de entonces, la discusión incorporaba el terreno de las monedas, mucho más sensible para los mercados financieros. Para las empresas con relaciones comerciales con Asia o con Estados Unidos, el episodio recordó que el tipo de cambio puede alterar de un día para otro los precios, los márgenes y la competitividad de un negocio.
Qué significa que el yuan se deprecie
Cuando una moneda se deprecia, se necesitan más unidades para comprar un dólar. Eso abarata las exportaciones del país emisor y encarece sus importaciones: un producto chino cuesta menos para quien paga en dólares, mientras que un producto estadounidense resulta más caro para quien paga en yuanes. El tipo de cambio actúa así como un precio más.
Por eso, en una disputa comercial, el tipo de cambio es una herramienta que cada parte vigila y que puede convertirse en un arma. Si una moneda se debilita, puede compensar, en mayor o menor medida, el efecto de los aranceles sobre las exportaciones. Esa posibilidad es la que alimenta las acusaciones de manipulación y las respuestas políticas, aunque determinar qué es manipulación y qué es un movimiento de mercado no siempre resulta sencillo. En la práctica, esto explica por qué los movimientos de las divisas se siguen con tanta atención en cualquier episodio de tensión comercial.
Una escalada de la guerra comercial
La acusación de manipulación añadió una nueva dimensión al conflicto: ya no se trataba solo de aranceles, sino también de divisas. Los mercados reaccionaron con fuerza porque temían que la tensión se extendiera y que el crecimiento mundial se resintiera. Cada nuevo frente de enfrentamiento complica una salida negociada y aumenta la incertidumbre para las empresas.
Las bolsas cayeron con fuerza, reflejando un cambio brusco en las expectativas. Las caídas de un día son útiles para entender el ánimo del momento, pero no determinan por sí solas el futuro de una empresa o de un patrimonio. Lo importante es identificar por qué canales puede llegar la tensión al negocio propio: precios de materias primas, demanda de clientes, costes de financiación o valor de los activos. Por eso, el análisis de riesgos de una empresa debería incluir no solo los aranceles, sino también los efectos de un tipo de cambio que se mueve.
Exposición a divisas
Las empresas que cobran, pagan o tienen costes en divisas distintas del euro están expuestas a estos movimientos. Una variación del tipo de cambio puede convertir una operación rentable en una con pérdidas, o al revés, sin que cambien el producto ni el cliente. El riesgo se acumula cuando el plazo entre la firma y el cobro o el pago es largo.
Conviene saber qué parte del negocio depende del tipo de cambio y, con un asesor, valorar si procede cubrir ese riesgo o ajustar los precios y contratos para amortiguarlo. Hay fórmulas contractuales y financieras para repartir o reducir el impacto, y el coste de usarlas debe compararse con el riesgo que se quiere evitar. Lo más importante es no descubrir el problema cuando ya se ha materializado.
El riesgo de divisa no desaparece por ignorarlo; se gestiona conociéndolo.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


