- A mediados de noviembre bitcoin cayó por debajo de 5.000 dólares, más de un 70 % por debajo de su máximo de un año antes.
- El «invierno cripto», un periodo prolongado de precios bajos y poco entusiasmo, golpeó a la minería y a muchos proyectos.
- Un activo especulativo no debe comprometer el patrimonio ni la tesorería: la pregunta clave es cuánto se puede perder.
A mediados de noviembre de 2018, bitcoin cayó por debajo de 5.000 dólares, más de un 70 % por debajo de su máximo de un año antes. El llamado «invierno cripto» golpeó a la minería y a muchos proyectos que se habían financiado con la expectativa de que el mercado seguiría al alza. Lo que se había presentado para algunos como una revolución duradera atravesaba una prueba exigente. Para las empresas que operan en este sector, como las de minería, el ciclo de precios es una variable central del negocio.
La noticia es relevante más allá de quienes participan en este sector. Una caída tan profunda, tras una subida tan rápida, ofrece una lección sobre la naturaleza de los activos de precio muy volátil, sobre el efecto de las expectativas en los mercados y sobre la importancia de decidir con antelación qué riesgo se está dispuesto a asumir. Conviene analizarlo con sobriedad, sin celebraciones ni dramatismos, y extraer conclusiones prácticas. Y hacerlo sin entrar en valoraciones sobre el futuro del activo, que nadie puede predecir.
Una caída muy profunda
Casi un año después de su máximo, bitcoin había perdido más del 70 % de su valor. Las caídas de esta magnitud son características de activos de precio muy volátil y recuerdan que las subidas rápidas pueden revertirse con la misma rapidez.
Una pérdida del 70 % exige una recuperación de más del 200 % solo para volver al punto de partida, un cálculo que sorprende a quien no está acostumbrado a pensar en términos porcentuales. Por eso las caídas profundas son tan costosas: no basta con que el precio vuelva a subir un poco, hace falta que lo haga muchísimo. Esa asimetría es una de las razones por las que el control de pérdidas importa tanto como la búsqueda de ganancias. Quien piensa primero en cuánto podría perder suele decidir mejor que quien se deja llevar por la expectativa de ganar.
El invierno cripto
Con la expresión «invierno cripto» se describe un periodo prolongado de precios bajos y poco entusiasmo. Afectó a la minería, cuya rentabilidad depende del precio, y a quienes habían construido sus planes sobre un mercado siempre en alza.
Cuando los ingresos de una actividad dependen del precio de un activo, una caída sostenida modifica por completo las cuentas. Los costes, como la energía, los equipos o el personal, no bajan en la misma proporción, de modo que los márgenes se estrechan o desaparecen. Los proyectos que habían captado fondos con la promesa de crecimiento continuo se encontraron con menos recursos, menos interés y menos tiempo para demostrar su utilidad. Es un recordatorio de que financiar un proyecto con expectativas de precios es distinto de financiarlo con ingresos reales.
Qué enseñanza deja
Para un inversor o un empresario, la lección es sobre proporción y plazos: un activo especulativo no debería comprometer el patrimonio ni la tesorería necesaria para operar. Antes de participar en cualquier proyecto vinculado a un activo tan volátil, conviene saber cuánto se podría perder y si se puede asumir sin consecuencias graves.
Una regla útil es separar con claridad el dinero que se destina a necesidades presentes y futuras, como nóminas, impuestos, estudios o jubilación, del que se puede destinar a ideas de mayor riesgo. Ese segundo tramo debe ser un importe cuya pérdida total no cambie la vida de la familia ni ponga en peligro la empresa. Y todo proyecto vinculado a un activo volátil debería evaluarse con escenarios adversos explícitos, no solo con los favorables. Los escenarios adversos no son pesimismo, sino la manera de comprobar que el proyecto resiste.
En los activos muy volátiles, la pregunta clave es cuánto se puede perder, no cuánto se podría ganar.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


