Bitcoin cae por debajo de 10.000 dólares

Claves
  • A mediados de enero bitcoin cayó por debajo de 10.000 dólares, tras haber rozado los 20.000 en diciembre.
  • El detonante fue el temor a una regulación más dura en Asia; en pocas semanas el precio perdió aproximadamente la mitad de su máximo.
  • La lección es fijar por adelantado el riesgo tolerable: un activo muy volátil solo debe ocupar una parte que uno pueda permitirse ver caer.

A mediados de enero de 2018, bitcoin cayó por debajo de 10.000 dólares, tras haber rozado los 20.000 en diciembre. El detonante fueron los temores a una regulación más dura en Asia. Empezaba un largo descenso que, visto con perspectiva, no sería una simple corrección de unos días, sino el inicio de un periodo prolongado de precios a la baja. Quien había comprado cerca del máximo vio cómo se reducía a la mitad el valor de su inversión, y el episodio mostró lo difícil que es mantener la calma cuando el precio se mueve con tanta fuerza.

La caída importó más allá de quienes tenían criptomonedas. Su comportamiento sirvió de aviso sobre lo que ocurre cuando un activo sube con enorme rapidez y sin reglas claras. Para empresarios y familias fue una ocasión de reflexionar sobre el riesgo que de verdad están dispuestos a asumir. Perder la mitad del valor en pocas semanas no es un accidente improbable en este tipo de activos, sino un escenario que debe estar previsto desde el principio.

Un movimiento muy brusco

En pocas semanas, el precio perdió aproximadamente la mitad de lo que había alcanzado en el máximo. Una caída así recuerda que los activos de precio muy volátil pueden moverse con enorme rapidez en ambos sentidos, y que el miedo a la regulación basta para cambiar el ánimo del mercado.

La volatilidad es, simplemente, la medida de cuánto oscila un precio. Un activo muy volátil puede dar alegrías y disgustos en plazos muy cortos, y eso complica cualquier planificación: nadie sabe cuánto valdrá dentro de un año, y mucho menos dentro de unas semanas. Quien invierte en ellos debe aceptar que el valor de su posición puede cambiar de forma drástica sin que haya ocurrido nada en su vida ni en su empresa. Por eso conviene comparar con cuidado: un depósito, un bono o una participación en una empresa no se parecen a un activo cuyo precio depende sobre todo de la confianza de quienes lo compran y lo venden.

El papel de la regulación

Las criptomonedas operaban en un terreno poco regulado y con reglas distintas según el país. Cuando un gran mercado insinúa restricciones, los inversores tienden a reaccionar antes de conocer el detalle. La incertidumbre normativa es, en sí misma, un factor de riesgo.

En un mercado regulado, el inversor cuenta con ciertas garantías: quién puede ofrecer el producto, qué información debe dar y a quién acudir si algo falla. Cuando esas garantías no existen o cambian según el país, la protección es menor y la reacción a cualquier rumor puede ser desproporcionada. Conviene recordarlo antes de participar en cualquier activo cuyo marco legal está todavía por definir. Y si se opera a través de plataformas o intermediarios, conviene saber dónde están radicados y qué obligaciones tienen frente al cliente.

Una lección de prudencia

Para una familia o un empresario, la enseñanza no es predecir el precio, sino decidir con antelación cuánto riesgo se está dispuesto a asumir. Un activo muy volátil debería ocupar, en todo caso, una parte que uno pueda permitirse ver caer sin que cambie su vida ni su empresa. Un asesor puede ayudar a fijar esos límites con serenidad.

Un método útil es ponerse por escrito, en un momento de calma, el importe máximo que se aceptaría perder y las circunstancias en las que se revisaría la decisión. Así, cuando el mercado se mueve con fuerza, la respuesta no depende del miedo ni de la euforia del momento. Y conviene no mezclar este tipo de inversión con el dinero que la empresa necesita para pagar nóminas, impuestos o proveedores. La decisión de cuánto asumir es personal, y un asesor puede ayudar a tomarla con cifras sobre la mesa y no con el entusiasmo del momento.

Conviene definir el riesgo tolerable antes de que el mercado lo ponga a prueba.

Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.

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