- El representante de Comercio de EE. UU. investiga prácticas chinas sobre transferencia de tecnología, propiedad intelectual e innovación.
- La Sección 301 de la ley comercial de 1974 permite responder a prácticas que se consideren desleales, también con medidas unilaterales.
- Para las empresas con cadenas globales, el riesgo es una mayor incertidumbre arancelaria, aunque todavía no hay medidas concretas.
El 18 de agosto de 2017 el representante de Comercio de Estados Unidos, Robert Lighthizer, inició formalmente una investigación bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974 sobre las leyes, políticas y prácticas de China relacionadas con la transferencia de tecnología, la propiedad intelectual y la innovación. Es la consecuencia de un memorando presidencial firmado el lunes 14 de agosto, que le pedía valorar la apertura de ese procedimiento.
La investigación debe determinar si esas prácticas son irrazonables o discriminatorias y si perjudican o restringen el comercio estadounidense. El memorando sostiene que la conducta china puede limitar las exportaciones de EE. UU., costar empleos a trabajadores e innovadores y ampliar el déficit comercial. El anuncio no impone aranceles ni sanciones: abre un proceso de análisis cuyos plazos y audiencias públicas se fijarán en un aviso en el Registro Federal.
Qué es la Sección 301
La Sección 301 es una herramienta de la legislación comercial estadounidense que permite a la oficina del representante de Comercio responder a lo que considere prácticas desleales de otros países. Si concluye que existe una conducta que merece actuación, puede adoptar las medidas apropiadas y factibles para eliminarla, sujeto a las instrucciones del presidente, lo que incluye restricciones al comercio de bienes y servicios. Antes de actuar, la ley prevé consultas con el país investigado y comentarios públicos, por lo que el desenlace no es automático.
Este tipo de procedimientos se usó con frecuencia en los años ochenta y noventa y perdió protagonismo con la creación de la Organización Mundial del Comercio, que ofrece un sistema de solución de diferencias entre Estados. Recurrir de nuevo a él frente a un socio de la dimensión de China puede interpretarse como una preferencia por vías más unilaterales. En general, el procedimiento fija plazos máximos de en torno a un año para adoptar una determinación, aunque puede resolverse antes.
Qué está en juego
Estados Unidos y China figuran entre los mayores socios comerciales del mundo, y muchas empresas europeas están integradas en cadenas de suministro que pasan por ambos países. Una escalada de medidas podría afectar a componentes, bienes de consumo y tecnología, con efectos indirectos sobre los precios, la inversión y los tipos de cambio. China es, además, un gran comprador de bienes y servicios europeos, y cualquier tensión que afecte a su crecimiento o a su demanda llega, antes o después, a los exportadores del continente.
Por ahora no hay aranceles ni restricciones nuevas. Lo previsible es un periodo de análisis, consulta pública y audiencias antes de cualquier decisión, con un calendario que debe publicarse en el Registro Federal. Pero los mercados reaccionan a la incertidumbre, y quien depende del comercio con alguno de los dos países debe seguir el asunto con atención.
Qué conviene revisar
Las empresas que importan o exportan con Estados Unidos o con China, o que dependen de proveedores que lo hacen, pueden identificar qué productos y componentes serían más sensibles a un cambio de aranceles y qué proveedores alternativos existen. Revisar los contratos internacionales para saber quién asume el coste de unos aranceles nuevos, mediante cláusulas de precio, Incoterms o revisión de precios, evita sorpresas.
Las compañías con propiedad intelectual y tecnología propia, sobre todo si operan o conceden licencias en China, deberían revisar cómo protegen sus patentes, marcas y secretos empresariales y qué acuerdos de transferencia de tecnología han firmado, porque ese es precisamente el terreno de la investigación. Y quien invierte a título particular debe recordar que las noticias comerciales provocan movimientos a corto plazo que no siempre se mantienen.
Una investigación no es una sanción, pero abre un periodo de incertidumbre en el que conviene conocer la propia exposición.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


