- El 30 de enero el INE avanzó que la economía española creció un 3,2 % en 2016, por segundo año consecutivo por encima del 3 %.
- Es una de las economías más dinámicas de la zona euro, pero con un paro todavía muy alto que limita el consumo de muchos hogares.
- Un buen ciclo es el momento de ordenar la estructura financiera: reducir deuda cara, crear reservas y consolidar el ahorro.
El 30 de enero de 2017 el Instituto Nacional de Estadística avanzó que la economía española había crecido un 3,2 % en 2016, por segundo año consecutivo por encima del 3 %. Es una de las economías más dinámicas de la zona euro, aunque con un paro todavía muy alto. El dato confirmaba que la recuperación tras la crisis seguía su curso y que el país mantenía un ritmo de crecimiento superior al de muchos de sus socios europeos.
Un crecimiento sostenido durante dos años consecutivos cambia el ánimo de empresarios y familias: se retoman proyectos de inversión aplazados, se reactiva la contratación y mejora la disposición de los bancos a conceder crédito. Pero un dato agregado es solo una fotografía general, y conviene saber leerla con matices para no tomar decisiones basadas en una impresión demasiado optimista de la realidad. La experiencia enseña que las fases de bonanza invitan a relajar la prudencia justo cuando más valiosa resulta.
Cómo leer el dato
El producto interior bruto mide el valor de lo que produce un país en un año. Un crecimiento sostenido por encima del 3 % indica una economía en expansión, con más consumo, más actividad y, en general, mejores condiciones para la inversión y la contratación. Se trata de una estimación inicial, el llamado avance, que puede revisarse más adelante cuando se disponga de información más completa.
Además, el PIB mide cuánto se produce, no cómo se reparte. Una economía puede crecer con fuerza y, al mismo tiempo, tener sectores que avanzan más que otros o territorios donde la mejora llega más tarde. Por eso, al valorar un entorno económico, conviene complementar el crecimiento con otros indicadores, como el empleo, el consumo, los precios o el endeudamiento de las familias y las empresas. Una visión completa evita conclusiones precipitadas, tanto optimistas como pesimistas.
Lo que el dato no dice
El crecimiento agregado no significa que todos los sectores o empresas lo vivan por igual. Con un paro todavía muy alto, una parte de la población sigue sin notar la mejora, y eso limita el consumo y condiciona las decisiones de muchas familias. Un empresario que atiende a clientes con ingresos ajustados debería tenerlo presente al fijar precios o plazos de cobro.
Tampoco indica cuánto durará la fase favorable. Los ciclos económicos alternan etapas de expansión y de moderación, y el que ahora empuja puede cambiar de signo por factores internos o externos. Aprovechar bien el buen momento consiste, precisamente, en prepararse para que una futura desaceleración no encuentre a la empresa o a la familia con una estructura financiera frágil. Esa preparación es silenciosa y poco vistosa, pero marca la diferencia cuando el entorno cambia.
Qué hacer con un buen ciclo
Para un empresario, un entorno favorable es el momento de ordenar la estructura financiera: reducir deuda cara, constituir reservas de tesorería y revisar los costes fijos. También de comprobar que el crecimiento de la empresa se apoya en márgenes sólidos y no solo en un mayor volumen de ventas, que puede ser más fácil de lograr en una fase expansiva que de mantener después.
Para una familia, es la ocasión de consolidar el ahorro, revisar la composición del patrimonio y actualizar la planificación patrimonial, incluidos los seguros y los documentos de sucesión. Hacerlo con calma, cuando no hay presión, permite tomar mejores decisiones. Un asesor puede ayudar a adaptar estas ideas a cada situación, sin perder de vista que las circunstancias personales importan más que la media nacional.
Los ciclos favorables se aprovechan mejor con orden que con euforia.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


