La plataforma Bybit sufrió un robo de unos 1.500 millones de dólares, el mayor registrado. La custodia de los activos digitales es la primera pregunta.

El 21 de febrero de 2025, la plataforma de criptoactivos Bybit sufrió un robo de alrededor de 1.500 millones de dólares. Fue el mayor robo de este tipo registrado hasta entonces y se atribuyó a un grupo de piratas informáticos norcoreano. Más allá de la cifra, que por sí sola impresiona, el episodio puso otra vez sobre la mesa una pregunta básica para cualquiera que tenga activos digitales: quién los guarda, cómo los protege y qué ocurre si algo sale mal.
Los criptoactivos son un mercado relativamente joven, en el que conviven proyectos serios con otros muy arriesgados, y en el que la protección que ofrece la ley al usuario no siempre es equivalente a la de los productos financieros tradicionales. Un incidente de esta magnitud no invalida toda una clase de activos, pero sí recuerda que la tecnología, por sofisticada que sea, no elimina el riesgo operativo ni el de custodia.
Un récord poco deseable
El ataque se dirigió a una plataforma de intercambio, es decir, a una empresa que custodia los fondos de sus clientes y que, por tanto, concentra en un mismo punto una cantidad enorme de activos. Esa concentración la convierte en un objetivo atractivo para quienes buscan un botín de gran tamaño, y obliga a la plataforma a mantener una seguridad a la altura de lo que guarda.
La cuantía y la atribución a un grupo organizado sirven de aviso para cualquier empresa que custodie activos de terceros. Cuando hay organizaciones con muchos recursos técnicos detrás de un ataque, las defensas de una empresa deben estar a la altura, y conviene asumir que el riesgo de ciberataque no es hipotético, sino constante, para cualquiera que custodie valor digital.
Quién custodia los activos
La seguridad de la custodia es la primera pregunta en cualquier activo digital. Dejar activos en una plataforma no es lo mismo que tenerlos bajo control propio con las protecciones adecuadas: en el primer caso se depende de la seguridad y la solvencia de un tercero; en el segundo, de la disciplina propia con las claves y las copias de seguridad.
Ninguna de las dos opciones es perfecta. Confiar en un tercero libra del trabajo técnico, pero traslada el riesgo a su organización; guardar uno mismo las claves elimina esa dependencia, pero exige no perderlas ni exponerlas, porque en este ámbito un error suele ser irreversible. La elección depende del importe, de la experiencia de cada persona y de lo que esté dispuesta a asumir.
Fue el mayor robo de criptoactivos registrado hasta la fecha.
Este artículo es información general. No es asesoramiento jurídico, fiscal ni de inversión, y no tiene en cuenta las circunstancias particulares de nadie.


